Receta deliciosa: Cómo preparar un gratin de patatas con bacon perfecto

Gratin de patatas con bacon

El Gratin de Patatas con Bacon Que Cambiará Tus Comidas

El olor del bacon chisporroteando en la sartén me transporta directo a los domingos en casa de mi abuela. Ella preparaba un gratin de patatas que nos hacía olvidar cualquier dieta o preocupación. Hoy quiero compartir con vosotros mi versión de este plato clásico que nunca falla.

Este gratin de patatas con bacon es mucho más que un simple acompañamiento. Es ese plato que rescata una comida cualquiera y la convierte en algo especial. Lo he preparado para cenas informales con amigos y también para celebraciones familiares. Siempre recibo los mismos comentarios: ¿me das la receta?

La primera vez que lo hice fue un desastre absoluto. Las patatas quedaron duras, el bacon se quemó y la bechamel parecía más bien pegamento. Pero no me rendí. Después de varios intentos y algunos secretos que aprendí en el camino, perfeccioné esta receta que ahora os comparto.

¿Qué hace especial a este platillo? La combinación de texturas es increíble. Las patatas se vuelven tiernas y cremosas por dentro mientras desarrollan una capa dorada por fuera. El bacon aporta ese toque salado y crujiente que equilibra perfectamente con la suavidad de la nata y el queso.

Este gratin funciona tanto como plato principal en una cena ligera como acompañamiento de carnes o pescados. Lo he servido junto a un solomillo, con pollo al horno e incluso como protagonista de una cena vegetariana (sin el bacon, claro). La versatilidad es uno de sus mayores atractivos.

Además, es el tipo de receta que podéis preparar con antelación. Esto lo convierte en vuestro mejor aliado cuando tenéis invitados. Montáis el gratin por la mañana, lo guardáis en la nevera y solo lo metéis al horno cuando llegue la hora de comer. Sin estrés, sin prisas.

Ingredientes Para Preparar el Mejor Gratin de Patatas con Bacon

Vamos a lo importante. Esta receta no requiere ingredientes raros ni complicados. Todo lo podéis encontrar en vuestro supermercado habitual. La clave está en elegir productos de buena calidad, no en gastar una fortuna.

Ingredientes principales:

  • 1 kilo de patatas (preferiblemente tipo agria o monalisa)
  • 200 gramos de bacon en tiras o lonchas
  • 400 ml de nata para cocinar (35% de materia grasa)
  • 200 ml de leche entera
  • 150 gramos de queso rallado (emmental, gruyere o mezcla de quesos)
  • 2 dientes de ajo
  • Nuez moscada recién rallada
  • Sal y pimienta negra al gusto
  • Mantequilla para engrasar el molde

Hablemos de las patatas. Este es el ingrediente estrella y elegir el tipo correcto marca una gran diferencia. Las patatas harinosas como las agrias se deshacen fácilmente y absorben mejor los líquidos. Las patatas de textura más firme mantienen mejor su forma pero pueden quedar menos cremosas.

Yo prefiero un término medio. Las patatas monalisa o las kennebec funcionan perfectamente. Tienen suficiente almidón para crear esa textura cremosa pero mantienen cierta estructura. Si solo encontráis patatas blancas normales, también sirven. No os compliquéis demasiado.

El bacon es otro punto importante. Podéis usar bacon ahumado o sin ahumar según vuestro gusto. El ahumado aporta un sabor más intenso. Si compráis lonchas enteras en lugar de tiras, cortadlas vosotros mismos en trozos de unos 2 centímetros. Quedan mejor que las tiras precocinadas.

Alternativas y sustituciones:

Para quienes buscan opciones más ligeras, podéis sustituir parte de la nata por caldo de verduras o pollo. La textura será menos cremosa pero seguirá estando riquísimo. Yo he probado con mitad nata y mitad caldo y el resultado es excelente.

Si tenéis intolerancia a la lactosa, usad nata y leche sin lactosa. El sabor prácticamente no cambia. Para el queso, existen buenas opciones sin lactosa en el mercado. El queso curado natural también tiene muy poca lactosa.

Los vegetarianos pueden omitir el bacon y añadir champiñones salteados o cebolla caramelizada. También queda espectacular con puerros rehogados. El gratin no pierde su esencia, simplemente adquiere un perfil de sabor diferente.

El queso es donde podéis jugar y personalizar. El emmental da ese sabor suave y clásico. El gruyere aporta más intensidad y esa característica de gratinar perfectamente. A mí me gusta mezclar ambos a partes iguales. Algunos amigos míos añaden un poco de parmesano para más potencia.

La Importancia de los Ingredientes de Calidad

Sé que suena a tópico, pero los ingredientes buenos hacen la diferencia. No necesitáis comprar los más caros, solo evitar los de peor calidad. Os cuento por qué esto importa tanto en este gratin.

La nata barata suele tener menos materia grasa y más espesantes. Cuando la calentáis en el horno, puede cortarse o quedar con una textura extraña. Una nata decente no tiene por qué ser carísima. Buscad una con al menos 35% de grasa y listo.

El bacon de mala calidad tiene demasiada agua. Cuando lo cocinéis, se encogerá a la mitad y soltará un líquido blanquecino que arruinará vuestro gratin. Un bacon medio decente debe tener buen aspecto, color rosado intenso y poca humedad visible.

Las patatas viejas o con brotes afectan directamente al sabor. Pueden dar un toque amargo al plato. Elegid patatas firmes, sin zonas verdes y sin brotes. No hace falta que sean ecológicas, simplemente frescas y en buen estado.

El queso rallado ya envasado es conveniente pero muchas veces viene con antiapelmazantes que impiden que gratine bien. Si podéis, comprad una cuña de queso y ralladlo vosotros. Solo lleva dos minutos y la diferencia es notable.

La nuez moscada recién rallada versus la que viene en polvo no tiene ni punto de comparación. Una nuez moscada entera cuesta poco, dura meses y el sabor es mil veces más aromático y fresco. Es una de esas pequeñas inversiones que merecen la pena.

El ajo fresco también importa. Esos botes de ajo picado en aceite no tienen nada que ver con un diente de ajo recién pelado. El sabor es plano y artificial. Pelar dos ajos no os quitará ni un minuto de vuestro tiempo.

Dicho esto, tampoco os volváis locos. Si un día solo tenéis queso rallado de bolsa o ajo en tarro, adelante. La receta seguirá quedando rica. Pero cuando tengáis ocasión de usar ingredientes frescos, notaréis la diferencia. Vuestros comensales también la notarán aunque no sepan exactamente qué es.

Una última cosa sobre los ingredientes: comprad solo lo necesario. Este gratin se conserva bien en la nevera unos tres días, pero los ingredientes frescos tienen fecha de caducidad. Planificad vuestras cantidades para no desperdiciar comida ni dinero.

Preparación Paso a Paso del Gratin de Patatas con Bacon Perfecto

Ahora que tenemos todo listo, pasamos a la parte divertida. No os voy a mentir, este proceso requiere un poco de tiempo, pero nada complicado. Es el tipo de receta donde podéis poner música, serviros una copa de vino y disfrutar del proceso.

Paso 1: Preparar el bacon

Empezamos con el bacon porque necesita enfriarse antes de mezclarlo con el resto. Cortadlo en trozos de unos dos centímetros si viene en lonchas enteras. Poned una sartén a fuego medio sin aceite, el bacon ya tiene grasa suficiente.

Dejad que se dore durante unos cinco o seis minutos, removiendo de vez en cuando. No queréis que quede totalmente crujiente como para el desayuno. Buscáis un punto donde esté dorado pero todavía tenga algo de flexibilidad. Se terminará de cocinar en el horno.

Aquí va un truco que aprendí de mi tía Carmen: guardad dos cucharadas de la grasa del bacon. La vais a usar después para engrasar el molde en lugar de mantequilla. El sabor que aporta es espectacular. Si os parece demasiado, usad mitad grasa de bacon y mitad mantequilla.

Sacad el bacon a un plato con papel de cocina para que escurra el exceso de grasa. Dejadlo ahí mientras preparáis las patatas.

Paso 2: Pelar y cortar las patatas

Este paso es crucial para el resultado final. Pelad las patatas y cortadlas en rodajas finas de unos tres milímetros. Si las hacéis más gruesas tardarán una eternidad en cocinarse. Si las hacéis demasiado finas se deshacen.

¿Mi secreto? Uso una mandolina. Es barata, la encontráis en cualquier tienda y hace rodajas perfectamente uniformes en segundos. Eso sí, tened cuidado con los dedos. Yo llevo una cicatriz en el pulgar que me recuerda que la mandolina no perdona despistes.

Si no tenéis mandolina, un cuchillo bien afilado funciona perfectamente. Cortad con paciencia intentando que todas las rodajas tengan grosor similar. Así se cocinarán de manera uniforme.

Un detalle importante: no lavéis las patatas después de cortarlas. El almidón que sueltan ayuda a espesar la salsa del gratin. Simplemente dejadlas en un bol grande mientras preparáis el resto.

Paso 3: Preparar la mezcla de nata

En una jarra o bol grande, mezcla la nata y la leche. Pelad los ajos y pasadlos por el prensa-ajos directamente sobre la mezcla. Si no tenéis prensa-ajos, picadlos muy finamente. Queremos el sabor del ajo pero sin encontrar trozos grandes.

Añadid una pizca generosa de nuez moscada recién rallada. Con unas seis o siete pasadas sobre el rallador fino es suficiente. Echad sal y pimienta negra recién molida. Yo suelo poner media cucharadita de sal porque el bacon ya aporta bastante.

Removed bien toda esta mezcla. Probadla con el dedo para ajustar el punto de sal si hace falta. Recordad que después añadiremos queso que también tiene sal.

Algunos días que me pongo creativo añado una cucharadita de mostaza de Dijon a esta mezcla. No se nota el sabor a mostaza directamente pero da una profundidad increíble al conjunto. Probadlo alguna vez.

Paso 4: Montar el gratin

Precalentad el horno a 180 grados. Engrasad bien una fuente de horno rectangular de unos 20×30 centímetros. Yo uso una de cerámica que distribuye mejor el calor, pero cualquiera que tengáis sirve.

Ahora viene el momento de construir nuestro gratin. Poned una capa de rodajas de patata en el fondo de la fuente. Que se solapen un poquito entre ellas como si fueran tejas de un tejado. Esto ayuda a que no queden huecos.

Sobre esta primera capa, repartid un tercio del bacon y espolvoread unos 40 gramos de queso rallado. Vertéis encima un tercio de la mezcla de nata, distribuyéndola bien por toda la superficie.

Repetid este proceso dos veces más: capa de patatas, bacon, queso, nata. En la última capa reservad un poco más de queso para gratinar al final. Me gusta que la capa superior quede generosa de queso porque es lo que creará esa costra dorada irresistible.

Presionad suavemente con las manos toda la superficie del gratin. Esto ayuda a que las patatas se compacten y absorban mejor el líquido. No os preocupéis si la nata parece demasiada, las patatas la absorberán durante la cocción.

Paso 5: El horneado perfecto

Cubrid la fuente con papel de aluminio y metedla al horno. Este es el truco que más diferencia marca: las primeras tres cuartas partes del tiempo el gratin va tapado. Esto crea vapor que ayuda a cocinar las patatas de manera uniforme.

Dejadlo tapado durante unos 45 minutos a 180 grados. Pasado este tiempo, quitad el papel de aluminio con cuidado porque saldrá vapor caliente. Subid la temperatura del horno a 200 grados y dejadlo otros 20-25 minutos más.

Durante este último tramo, el gratin se dorará y creará esa capa crujiente de queso que todos amamos. Vigiladlo los últimos minutos porque cada horno es un mundo. Algunos gratinan más rápido que otros.

¿Cómo sabéis que está listo? Clavad un cuchillo en el centro. Debe atravesar las patatas sin resistencia. Si sentís que todavía están duras, dad cinco minutos más tapado con el aluminio.

Otro truco que uso es escuchar. Sí, escuchar. Cuando el gratin burbujea por los lados de manera constante pero suave, está en su punto. Si burbujea demasiado violentamente, bajad la temperatura.

Una vez fuera del horno, dejadlo reposar al menos diez minutos antes de servir. Sé que cuesta resistirse pero es importante. El gratin necesita ese tiempo para asentarse. Si lo cortáis inmediatamente se desmorona y la nata está demasiado líquida.

Variaciones creativas que podéis probar

La receta base es fantástica, pero una vez que la dominéis, hay un mundo de posibilidades. Os cuento algunas que he probado y funcionan de maravilla.

Podéis añadir cebolla caramelizada entre las capas. Cortad dos cebollas en juliana y pochádlas a fuego muy suave con un poco de mantequilla durante media hora hasta que estén dulces y doradas. Añadidlas junto al bacon en cada capa. Espectacular.

Si queréis un toque más elegante, probad a sustituir 50 gramos del queso rallado por queso azul desmenuzado. El contraste entre el bacon ahumado y el queso azul es increíble. No os paséis con la cantidad o dominará todo el plato.

Los amantes del picante pueden añadir guindillas frescas cortadas muy finas o copos de chile entre las capas. También funciona bien un poco de pimentón ahumado en la mezcla de nata. Le da un toque muy interesante sin que sea directamente picante.

Para una versión más veraniega, he probado a añadir tomates cherry cortados por la mitad entre las capas. Sueltan su jugo durante la cocción y aportan acidez que equilibra la cremosidad. Similar al gratin de calabacín con queso de cabra que también combina verduras con lácteos.

Las hierbas aromáticas transforman completamente el perfil del plato. Tomillo fresco funciona especialmente bien con el bacon. También he usado romero muy picadito, aunque con moderación porque puede ser invasivo. El cebollino fresco espolvoreado al servir da un toque de frescura.

Si buscáis algo más sustancioso, convertidlo en un plato único añadiendo pollo desmenuzado entre las capas. Usad restos de pollo asado y tendréis una comida completa. Parecido al concepto del gratin de pasta con jamón y queso, donde varios ingredientes proteicos se combinan.

Consejos Para Servir y Presentar Vuestro Gratin de Patatas con Bacon

La presentación importa más de lo que pensáis. Un gratin puede ser delicioso pero si lo presentáis mal pierde la mitad de su atractivo. Os comparto mis trucos para que luzca espectacular.

Servid el gratin directamente en la fuente donde lo habéis horneado si es bonita. Tiene ese aspecto rústico y casero que invita a comer. Poned la fuente sobre una tabla de madera o un salvamanteles llamativo en el centro de la mesa.

Para emplatado individual, usad una espátula ancha y firme. Cortad porciones cuadradas o rectangulares como si fuera un pastel. Dejad que cada porción repose unos segundos en la espátula antes de pasarla al plato para que no se deshaga.

Un toque que siempre funciona es espolvorear perejil fresco picado por encima justo antes de servir. El verde contrasta con el dorado del queso y da frescura visual. También podéis usar cebollino o incluso unas hojitas de tomillo fresco.

Si servís el gratin como acompañamiento, pensad en el plato principal. Con carnes rojas como solomillo o entrecot va perfecto. Junto a pescados al horno como lubina o dorada también funciona, aunque ahí yo preferiría una versión sin bacon para no competir en sabores.

Como plato principal, acompañadlo con una ensalada verde sencilla. Una mezcla de lechugas variadas con vinagreta de mostaza equilibra perfectamente la cremosidad del gratin. A veces solo sirvo el gratin con unos tomates cherry aliñados y ya tenéis cena resuelta.

Maridaje y bebidas que complementan

Hablemos de vinos porque este gratin merece una buena compañía líquida. Un vino blanco con cuerpo funciona maravillosamente. Un Chardonnay con algo de crianza en barrica aguanta bien la intensidad del bacon y el queso.

Si preferís tinto, elegid algo no muy tánico. Un Rioja joven o un Pinot Noir son buenas opciones. Los tintos muy potentes pueden chocar con la cremosidad del plato.

Para los cerveceros, una cerveza tostada tipo ale combina de maravilla. El toque tostado de la cerveza hace eco con el bacon ahumado. Evitad cervezas demasiado amargas que pueden desentonar.

Sin alcohol, una limonada casera o un agua con gas y rodajas de limón limpian bien el paladar entre bocado y bocado. La acidez ayuda a no saturarse con tanta cremosidad.

Guarniciones que elevan el plato

Aunque el gratin es completo por sí mismo, ciertas guarniciones lo convierten en una comida redonda. Unas judías verdes salteadas con ajo aportan color y textura crujiente que contrasta bien.

Los espárragos asados con un chorrito de aceite de oliva y sal Maldon también son un acompañamiento elegante. Si es temporada, aprovechad. Si no, mejor dejadlos para otra ocasión porque los espárragos fuera de temporada no valen la pena.

Un consejo que os doy siempre: dejad espacio en el plato. No sobrecarguéis. El gratin ya es denso y calórico. Una porción generosa de gratin con una guarnición verde ligera es suficiente. Menos es más.

Para presentaciones más informales tipo brunch, el gratin frío del día anterior cortado en cuadraditos pequeños funciona genial como aperitivo. Lo he servido así en varias ocasiones y desaparece en minutos.

Si sobra gratin, no lo desaprovechéis. Al día siguiente, calentad porciones individuales en el microondas durante un par de minutos. Aunque no queda tan crujiente arriba, sigue estando delicioso. También podéis recalentarlo en el horno a baja temperatura cubierto con papel aluminio.

Una última idea que he probado con éxito: usar restos de gratin como relleno de empanadillas. Suena raro pero funciona. Picáis el gratin sobrante, lo mezclais con un huevo batido para que ligue bien y lo usáis como relleno. Luego freís las empanadillas. Mis sobrinos se vuelven locos con esto.

Este gratin de patatas con bacon tiene algo especial que va más allá de la simple suma de ingredientes. Quizás es ese equilibrio perfecto entre lo cremoso y lo crujiente, entre lo salado del bacon y la suavidad de las patatas. O tal vez es simplemente que nos recuerda a esas comidas caseras donde lo importante no es solo comer sino compartir. Al igual que el clásico gratin de patatas clásico, esta versión con bacon se convierte rápidamente en un favorito familiar. Si os gusta experimentar con diferentes vegetales, el gratin de verduras de raíz ofrece una alternativa igual de reconfortante pero con un perfil nutricional diferente.

FAQ: Todas Vuestras Dudas Sobre el Gratin de Patatas con Bacon Resueltas

Después de compartir esta receta con amigos, vecinos y en algún que otro grupo de WhatsApp, siempre recibo las mismas preguntas. Es normal, este tipo de platos genera dudas porque queremos que salga perfecto. Vamos a resolver todas esas cuestiones que seguramente también vosotros tenéis.

¿Cómo puedo hacer que el gratin no quede seco?

Esta es la pregunta del millón. Un gratin seco es una tragedia culinaria que todos hemos sufrido alguna vez. El secreto está en la proporción de líquido. Si notáis que durante el horneado la nata se ha evaporado demasiado y las patatas empiezan a verse secas por los bordes, añadid un poco más de nata o leche caliente.

Otro truco fundamental es no cortar las patatas demasiado finas. Si las rodajas son muy delgadas se secan rápidamente y absorben todo el líquido antes de tiempo. Mantened esos tres milímetros de grosor que os comenté antes. También es importante cubrirlo con papel de aluminio durante la mayor parte de la cocción para retener la humedad. Y nunca, jamás, subáis demasiado la temperatura del horno pensando que así irá más rápido. Mejor lento y jugoso que rápido y reseco.

¿Se puede preparar el gratin con antelación? ¿Cuánto tiempo dura en el refrigerador?

Esta es precisamente una de las grandes ventajas de este plato. Podéis montar completamente el gratin por la mañana o incluso el día anterior. Lo dejáis en la fuente tapado con film transparente en la nevera y cuando llegue la hora de comer, solo lo metéis al horno. Eso sí, añadid unos diez minutos extra al tiempo de cocción porque saldrá frío de la nevera.

Una vez cocinado, el gratin se conserva perfectamente en el frigorífico tapado con papel de aluminio o film durante tres o cuatro días. Yo lo he comido hasta el quinto día y seguía estando bueno, aunque la textura ya no era la óptima. Para recalentarlo, horno a temperatura media tapado con aluminio funciona mejor que el microondas, pero ambos métodos son válidos según las prisas que tengáis.

¿Qué tipo de queso es el mejor para este platillo?

Depende del resultado que busquéis. El emmental es mi favorito porque gratina de maravilla creando esa capa dorada sin quemar, y tiene un sabor suave que no compite con el bacon. El gruyere es más intenso y aromático, perfecto si os gusta el sabor a queso más protagonista. El comté francés es espectacular pero más caro, úsadlo para ocasiones especiales.

Una mezcla que me encanta es mitad emmental y mitad parmesano. El parmesano aporta ese punto salado y umami que lleva el gratin a otro nivel. Evitad quesos que se derriten mal como el manchego curado o quesos muy grasos que pueden soltar aceite. Y por favor, nada de quesos procesados tipo cheddar de sandwich, eso no funciona aquí.

¿Existe alguna alternativa al bacon para hacerlo vegetariano?

Por supuesto. Mis amigos vegetarianos me preguntan esto constantemente. Los champiñones salteados con un poco de salsa de soja son una excelente alternativa. Cortad champiñones en láminas, saltadlos en una sartén bien caliente hasta que doren y pierdan su agua. El umami de los champiñones recuerda ligeramente a ese sabor profundo del bacon.

La cebolla caramelizada también funciona de maravilla. Requiere paciencia porque necesita cocinarse lenta durante al menos media hora, pero el resultado es una dulzura increíble que equilibra el plato. Otra opción que he probado con éxito es usar bacon vegano, que ahora hay marcas bastante decentes en el mercado. Y si queréis un toque ahumado sin productos animales, añadid una pizca de pimentón ahumado a la mezcla de nata. Para mantener un balance nutricional adecuado en vuestra alimentación diaria, considerar las necesidades calóricas y energéticas es fundamental, especialmente cuando preparáis platos tan completos como este gratin.

¿Puedo usar leche en lugar de crema?

Técnicamente sí, aunque el resultado será bastante diferente. La nata aporta cremosidad y riqueza que la leche simplemente no puede igualar. Si queréis reducir calorías, probad a usar mitad nata y mitad leche en lugar de solo nata. Así mantenéis algo de esa textura cremosa pero aligeráis un poco.

Otra opción es usar nata ligera en lugar de la de 35% de grasa. No quedará tan sedoso pero sigue funcionando. Si solo usáis leche, tendréis que añadir algún espesante como un poco de harina o maicena disuelta en la leche para que no quede totalmente líquido. Pero sinceramente, si vais a hacer este esfuerzo, merece la pena usar nata aunque sea solo esa vez. No es un plato que comáis cada día de todas formas.

¿Es posible hacer este gratin sin horno?

Sí, aunque requiere adaptación. Podéis hacerlo en una sartén grande y honda con tapa. Montáis las capas igual que en la fuente de horno, tapáis y cocinais a fuego muy bajo durante unos cuarenta minutos hasta que las patatas estén tiernas. El problema es conseguir esa capa gratinada de arriba.

Mi solución cuando no tengo horno disponible es terminar el gratin bajo el grill del horno si tenéis esa función separada, o usar un soplete de cocina para gratinar la superficie. También he visto a gente que lo hace todo en la sartén y al final le da la vuelta como si fuera una tortilla para dorar la superficie, pero requiere bastante habilidad y arriesgas que se desmorone. Sinceramente, este plato nació para el horno y ahí es donde mejor se luce.

¿Qué hago si las patatas no se cocinan bien?

Esto me pasó en mis primeros intentos y es frustrante. Las patatas de arriba quedan perfectas pero las del fondo siguen duras. La solución es clara: necesita más tiempo tapado. Si al pinchar con el cuchillo notáis resistencia, volved a cubrir con aluminio y dad otros quince o veinte minutos.

Otra causa puede ser que las rodajas no estén uniformes. Si algunas son más gruesas tardarán mucho más en cocinarse. Por eso insisto tanto en usar mandolina o al menos intentar que todas tengan grosor similar. También influye la cantidad de líquido. Si os habéis quedado cortos con la nata, las patatas se cocinarán al vapor en lugar de pocharse en el líquido cremoso, lo que ralentiza el proceso. Aseguraos de que hay suficiente líquido antes de meter al horno.

¿Se puede congelar el gratin de patatas con bacon?

Aquí las opiniones están divididas. Yo lo he congelado varias veces y funciona, pero la textura cambia ligeramente. Las patatas pueden quedar algo más blandas y la nata a veces se separa un poco al descongelar. Si vais a congelarlo, hacedlo después de cocinado, no crudo.

Dejadlo enfriar completamente, cortadlo en porciones individuales y congeladlas por separado envueltas primero en film y luego en papel de aluminio. Así podéis sacar solo lo que necesitéis. Se conserva bien unos dos meses congelado. Para descongelarlo, pasadlo a la nevera la noche anterior y recalentadlo en el horno tapado. No esperéis la misma textura crujiente del recién hecho, pero sigue estando rico y es útil para esos días que no apetece cocinar.

¿Cómo puedo hacer que el gratin tenga una capa crujiente en la parte superior?

El secreto de esa costra dorada y crujiente está en varias cosas. Primero, reservad bastante queso rallado para la última capa. Sed generosos, necesitáis una buena cantidad para que forme costra. Segundo, los últimos veinte minutos deben ser sin papel de aluminio y a temperatura más alta, unos doscientos grados.

Si vuestro horno tiene función grill, encendedla los últimos cinco minutos pero vigilad constantemente porque pasa de perfecto a quemado en segundos. Un truco que uso a veces es espolvorear un poquito de pan rallado mezclado con el queso en la capa superior. Esto crea una textura extra crujiente. Y algo importante que mucha gente olvida: dejad que el gratin repose fuera del horno esos diez minutos. Durante ese tiempo la superficie se secará ligeramente y quedará más crujiente.

¿Hay algún truco para que el gratin no se queme por arriba?

Me ha pasado demasiadas veces. Estás ahí orgulloso viendo cómo gratina precioso y de repente se te pasa y queda negro. La clave es conocer vuestro horno. Todos tienen puntos calientes y temperamentos diferentes. Si sabéis que vuestro horno tiende a quemar por arriba, bajad la temperatura diez grados y colocad la bandeja en una rejilla más baja.

El papel de aluminio es vuestro mejor amigo. Si veis que está dorando demasiado rápido pero las patatas aún necesitan más tiempo, volved a cubrirlo con aluminio sin miedo. También podéis crear una pequeña tienda de aluminio, es decir, levantadlo un poco para que no toque directamente el queso pero siga protegiendo del calor directo. Y nunca, nunca os alejéis de la cocina durante los últimos quince minutos. Ese es el momento crítico donde todo puede irse al traste en un descuido.

Ahora que tenéis todas las herramientas, trucos y respuestas a las dudas más comunes, no hay excusa para no lanzaros a preparar este gratin. Es uno de esos platos que mejoran con la práctica. La primera vez quizás no salga perfecto, pero la segunda ya estaréis más seguros y para la tercera seréis auténticos expertos. Si os apasionan este tipo de preparaciones reconfortantes y queréis explorar más opciones, os animo a visitar nuestra sección de gratines y platos al horno, donde encontraréis muchísimas más ideas deliciosas para sorprender en vuestra mesa.

Este gratin de patatas con bacon es más que una simple receta. Es una de esas preparaciones que se convierten en tradiciones familiares, en ese plato que todos piden cuando vienen a comer, en la estrella de vuestras reuniones. Os prometo que una vez que lo probéis y dominéis la técnica, se convertirá en uno de vuestros recursos habituales en la cocina. Es versátil, delicioso, reconfortante y tiene ese poder mágico de hacer feliz a todo el mundo. Así que poned música, sacad esa fuente de horno que tenéis guardada, y disfrutad del proceso. La cocina es mucho más que seguir recetas, es crear momentos y recuerdos alrededor de una mesa. Y este gratin tiene todo lo necesario para crear muchos de esos momentos especiales. Ahora os toca a vosotros ponerlo en práctica, hacedlo vuestro, experimentad con las variaciones que os he sugerido y sobre todo, compartidlo con quienes más queréis. No olvidéis etiquetarme en redes sociales con el hashtag #GratinDePatatasConBacon cuando lo preparéis, me encanta ver vuestras creaciones y saber cómo os ha quedado. Muchas gracias por haberme acompañado hasta aquí y mucho éxito en vuestras cocinas. ¡A cocinar se ha dicho!

Gratin de patatas con bacon

Gratin de patatas con bacon

Descubre la receta del Gratin de patatas con bacon que hará especial cualquier comida. Perfecto para cenas y celebraciones familiares.
Tiempo de preparación: 30 minutos
Tiempo de cocción: 1 hora 10 minutos
Reposo: 10 minutos
Tiempo Total: 1 hora 50 minutos
Plato: Dessert
Cocina: Italien
Palabra clave: Gourmand
Servings: 4 personas
Calories: 450kcal
Cost: $15

Equipo

  • Sartén
  • Bol grande
  • Mandolina (opcional)
  • Fuente de horno
  • Prensa-ajos

Ingredientes

  • 1 kilo patatas preferiblemente tipo agria o monalisa
  • 200 g bacon en tiras o lonchas
  • 400 ml nata para cocinar 35% de materia grasa
  • 200 ml leche entera
  • 150 g queso rallado emmental, gruyere o mezcla de quesos
  • 2 dientes de ajo
  • q.s. nuez moscada recién rallada
  • q.s. sal al gusto
  • q.s. pimienta negra al gusto
  • q.s. mantequilla para engrasar el molde

Instrucciones

  • Cortad el bacon en trozos de dos centímetros y doradlo en una sartén sin aceite durante 5-6 minutos, hasta que esté dorado pero flexible.
  • Sacad el bacon y dejadlo escurrir en un plato con papel de cocina.
  • Pelad las patatas y cortadlas en rodajas finas de unos 3 milímetros.
  • En un bol grande, mezclad la nata y la leche, añadid el ajo prensado, nuez moscada, sal y pimienta, y removed bien.
  • Precalentad el horno a 180 grados y engrasad una fuente de horno.
  • Montad el gratin en capas alternando patatas, bacon y queso rallado; añadid la mezcla de nata entre las capas.
  • Cubrid con papel de aluminio y hornead durante 45 minutos.
  • Retirad el papel de aluminio, subid la temperatura a 200 grados y hornead otros 20-25 minutos hasta que esté dorado y burbujeante.
  • Dejad reposar 10 minutos antes de servir.

Notas

Para una versión más ligera, sustituye parte de la nata por caldo de verduras o pollo. Este gratin se puede preparar con antelación y guardarlo en la nevera antes de hornear. Si tienes sobras, caliéntalas en el microondas o en el horno a baja temperatura. También puedes usar restos como relleno de empanadillas.

Nutrición

Calorías: 450kcal | Carbohidratos: 35g | Proteina: 20g | Grasa: 30g | Grasa saturada: 15g | Colesterol: 80mg | Sodio: 750mg | Potasio: 600mg | Fibra: 3g | Azúcar: 2g | Vitamina A: 15IU | Vitamina C: 20mg | Calcio: 30mg | Hierro: 12mg
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