Receta deliciosamente fácil: Gratin de pasta con jamón y queso

Gratin de pasta con jamón y queso

La semana pasada mi hijo llegó a casa con tres amigos sin avisar. Era casi la hora de cenar y mi refrigerador parecía más vacío que lleno. Tenía pasta, un poco de jamón del desayuno y queso rallado. En 30 minutos preparé un gratin de pasta con jamón y queso que dejó a todos pidiendo la receta. Esa noche confirmé lo que siempre supe: los mejores platos nacen de la simplicidad.

Hoy quiero compartir contigo esta receta que me ha salvado en innumerables ocasiones. El gratin de pasta con jamón y queso es ese tipo de plato que funciona para todo. Sirve para una cena rápida entre semana, para recibir invitados el fin de semana, o incluso para llevar a una reunión familiar. Es económico, llena bastante y sobre todo, gusta a niños y adultos por igual.

Lo mejor de este gratin es su versatilidad. Puedes prepararlo con lo que tengas en casa y siempre quedará delicioso. Pero eso no significa que todos los ingredientes sean iguales. Elegir buenos productos marca la diferencia entre un plato aceptable y uno memorable. No necesitas gastar una fortuna, solo saber qué buscar cuando vas al supermercado.

La combinación de pasta al horno con jamón y queso gratinado crea una textura única. Por fuera queda crujiente y dorado, mientras que por dentro se mantiene cremoso y suave. Esa mezcla de texturas es lo que hace que este plato sea tan adictivo. Cada bocado combina el sabor salado del jamón con la cremosidad del queso fundido.

Ingredientes necesarios para el gratin de pasta con jamón y queso

Antes de encender el horno, necesitas reunir todo lo necesario. La buena noticia es que la lista no es larga ni complicada. La mayoría de estos ingredientes probablemente ya los tienes en tu cocina.

Los ingredientes principales son:

  • Pasta: 400 gramos (macarrones, penne o tornillos funcionan mejor)
  • Jamón cocido o de pavo: 200-250 gramos cortado en cubos
  • Queso rallado: 300 gramos en total (mezcla de diferentes tipos)
  • Crema de leche: 300 ml para darle cremosidad
  • Leche: 200 ml para suavizar la salsa
  • Mantequilla: 50 gramos para la base de la salsa
  • Harina: 3 cucharadas para espesar

Los ingredientes complementarios que elevan el sabor:

  • Ajo: 2 dientes picados finamente
  • Nuez moscada: una pizca (esto cambia todo el sabor)
  • Pimienta negra: al gusto
  • Sal: con cuidado porque el jamón y el queso ya aportan sal
  • Pan rallado: opcional, para dar más textura al gratinado
  • Aceite de oliva: un chorrito para finalizar

La pasta debe ser de un formato que retenga bien la salsa. Los macarrones son mi primera opción porque sus curvas atrapan el queso derretido. Los penne también funcionan muy bien porque la salsa entra en sus tubitos. Evita pastas muy finas como los espaguetis o cabello de ángel para esta receta.

Cuando compres pasta, fíjate en el tiempo de cocción. Las pastas de calidad aguantan mejor la doble cocción. Primero las hierves y luego van al horno. Si usas pasta muy barata, puede quedar demasiado blanda o incluso deshacerse.

El jamón debe ser de buena calidad pero no necesitas el más caro del mercado. El jamón cocido tradicional funciona perfecto. Si prefieres una opción más ligera, el jamón de pavo también queda muy bien. Lo importante es que no tenga mucha agua. Cuando lo cortes en cubos, deben mantener su forma y no deshacerse.

Evita el jamón ahumado a menos que realmente te guste ese sabor fuerte. Puede dominar todo el plato. El jamón serrano tampoco es la mejor opción porque se seca mucho en el horno y puede quedar duro. Guárdalo para otras preparaciones donde brille más.

La crema de leche es el ingrediente secreto que transforma este gratin. Aporta esa textura sedosa que hace que la salsa envuelva cada pedacito de pasta. Puedes usar crema regular o crema para cocinar. La crema ligera también funciona si buscas reducir calorías.

La nuez moscada parece un detalle sin importancia, pero créeme cuando te digo que marca la diferencia. Solo necesitas una pizca rallada en el momento. Este toque es el que separa un gratin casero de uno profesional. No te saltes este ingrediente.

¿Qué tipo de queso combina mejor con el jamón?

Esta es la pregunta que más me hacen. El queso es el protagonista del gratinado y elegir el correcto puede hacer que tu receta pase de buena a espectacular.

Mi recomendación es usar siempre una mezcla de quesos. Cada tipo aporta algo diferente. El queso mozzarella da cremosidad y esos hilos de queso fundido que todos amamos. Se derrite muy bien y crea esa textura suave en el interior del gratin.

El queso gouda o edam aporta un sabor más intenso sin ser demasiado fuerte. Se derriten fácilmente y combinan perfecto con el jamón. Son quesos suaves que gustan a toda la familia, incluso a los niños más exigentes.

Para el gratinado superior, nada supera al queso parmesano o al manchego curado. Estos quesos no se derriten como los anteriores pero crean esa costra dorada y crujiente que es la firma de un buen gratin. El parmesano además añade ese toque salado y umami que eleva todos los sabores.

Una combinación ganadora sería: 150 gramos de mozzarella, 100 gramos de gouda y 50 gramos de parmesano rallado. Esta mezcla te da cremosidad, sabor y ese gratinado perfecto.

El queso gruyère es otra excelente opción si quieres darle un toque más sofisticado. Es el queso clásico de los gratins franceses. Tiene un sabor a nuez muy característico y se funde maravillosamente. Combínalo con un poco de parmesano encima para el dorado final.

Evita quesos muy fuertes como el roquefort o el cabrales. Su sabor dominará el jamón y la pasta. Tampoco uses quesos frescos como el ricotta o el queso crema como base principal. Estos no gratinan bien y pueden hacer que el plato quede aguado.

El queso cheddar funciona pero ten cuidado con la cantidad. Es sabroso pero puede resultar algo grasoso si te excedes. Úsalo mezclado con otros quesos, nunca solo.

¿Por qué estos quesos combinan tan bien con el jamón? La respuesta está en el equilibrio de sabores. El jamón aporta sal y un sabor cárnico suave. Los quesos cremosos como la mozzarella no compiten con ese sabor, lo complementan. Los quesos más maduros como el parmesano añaden profundidad sin tapar el jamón.

La textura también importa. El jamón cortado en cubos mantiene su forma en el horno. Los quesos que se derriten bien crean esa salsa cremosa que une todo. Y los quesos de gratinar forman la cubierta crujiente que contrasta con la suavidad del interior.

Un truco que aprendí de mi abuela: guarda siempre un poco de queso rallado para añadir en los últimos cinco minutos de horneado. Esto crea una segunda capa de gratinado que queda extra crujiente y dorada.

Preparación paso a paso del gratin de pasta con jamón y queso

Ahora que tienes todos los ingredientes listos en la encimera, llegó el momento de ponernos manos a la obra. Te voy a guiar en cada paso para que tu gratin quede perfecto desde la primera vez. No tiene ningún misterio, solo necesitas seguir el orden correcto y tener un poco de paciencia.

Fase 1: Cocinar la pasta correctamente

Pon a hervir abundante agua en una olla grande. Y cuando digo abundante, hablo de al menos 3 litros para 400 gramos de pasta. Muchas personas cometen el error de usar poca agua y la pasta se pega. Añade una cucharada generosa de sal cuando el agua hierva.

Aquí viene el truco más importante: cocina la pasta dos minutos menos de lo que indica el paquete. Si dice 10 minutos, cocínala solo 8. ¿Por qué? Porque va a seguir cocinándose en el horno. Si la hierves completamente, terminarás con una pasta blanda y sin textura. Queremos que esté al dente, incluso un poco más firme de lo normal.

Cuando la pasta esté lista, escúrrela bien pero no la enjuagues con agua fría. Ese almidón que queda en la superficie ayuda a que la salsa se adhiera mejor. Yo siempre guardo una taza del agua de cocción por si necesito aflojar la mezcla más tarde.

Fase 2: Preparar la bechamel cremosa

Mientras la pasta se enfría un poco, vamos con la salsa. En una sartén amplia o cacerola, derrite los 50 gramos de mantequilla a fuego medio. Cuando esté completamente derretida, añade el ajo picado y cocínalo apenas 30 segundos. No dejes que se dore porque se pone amargo.

Ahora incorpora las 3 cucharadas de harina y revuelve sin parar durante dos minutos. Esta mezcla se llama roux y es la base de una buena bechamel. Debe quedar como una pasta espesa de color dorado claro. Si ves grumos, no te preocupes, se disolverán con el líquido.

Aquí viene la parte que requiere un poco más de atención. Añade la leche poco a poco, removiendo constantemente con unas varillas. No vuelques toda la leche de golpe o se formará un desastre de grumos. Ve añadiendo, batiendo, añadiendo más, batiendo. Cuando la leche esté incorporada, haz lo mismo con la crema.

Sube el fuego a medio-alto y sigue removiendo hasta que la salsa espese. Debería cubrir el dorso de una cuchara de madera. Este proceso lleva unos 5-7 minutos. Es el momento de añadir la nuez moscada, pimienta y solo un poquito de sal. Recuerda que el jamón y el queso aportarán más sal después.

Un truco que me enseñó una cocinera francesa: si la bechamel te quedó muy espesa, añade un poco de esa agua de cocción de la pasta que guardaste. Si quedó muy líquida, cocínala un par de minutos más a fuego lento.

Fase 3: Preparar el jamón adecuadamente

Mientras la bechamel reposa un momento, corta el jamón en cubos de aproximadamente 1 centímetro. No lo hagas demasiado pequeño porque se secará en el horno. Tampoco muy grande porque no se distribuirá bien en el plato.

Algunos cocineros prefieren saltear ligeramente el jamón en una sartén antes de añadirlo al gratin. Esto le da un toque más tostado y concentra su sabor. Yo lo hago cuando tengo tiempo, pero no es estrictamente necesario. Si decides hacerlo, solo necesitas dos minutos en una sartén caliente sin aceite.

Fase 4: Mezclar todo con amor

En un bowl grande o directamente en la olla donde cocinaste la pasta, mezcla la pasta escurrida con la bechamel. Asegúrate de que cada pieza de pasta quede bien cubierta. Añade los cubos de jamón y dos tercios del queso rallado. Reserva el tercio restante para el gratinado final.

Mezcla con delicadeza pero con decisión. Queremos que todo se integre bien pero sin romper la pasta. Si en este punto ves que la mezcla está muy seca, añade un chorrito de leche. Debe quedar cremosa, casi jugosa. Ten en cuenta que perderá algo de líquido en el horno.

La textura perfecta es cuando levantas una cucharada y la mezcla cae lentamente, dejando un rastro cremoso. Si cae muy rápido, está muy líquida. Si se queda pegada, necesita más líquido.

Fase 5: Montar el gratin en la fuente

Unta ligeramente con mantequilla una fuente para horno. Yo prefiero las de cerámica o vidrio templado porque distribuyen mejor el calor. Una fuente rectangular de unos 30×20 centímetros es perfecta para esta cantidad.

Vierte toda la mezcla de pasta, jamón y bechamel en la fuente. Extiéndela de manera uniforme con una espátula. No la aprietes demasiado, debe quedar algo suelta para que el calor circule bien.

Ahora viene la capa mágica: espolvorea generosamente el queso que reservaste sobre toda la superficie. Esta capa es la que creará ese gratinado dorado y crujiente que hace que este plato sea irresistible. Si quieres un extra de textura, mezcla el queso rallado con dos cucharadas de pan rallado.

Un pequeño secreto: haz pequeños montoncitos de queso en diferentes puntos de la superficie. Esto crea zonas extra crujientes que todos querrán. Termina con algunos puntitos de mantequilla encima del queso y un chorrito fino de aceite de oliva.

Fase 6: El horneado perfecto

Precalienta el horno a 180 grados centígrados con calor arriba y abajo. Coloca la fuente en el centro del horno para que el calor llegue uniforme desde todos los lados.

Hornea durante 25-30 minutos. Los primeros 20 minutos con la fuente destapada. Si ves que la superficie se dora demasiado rápido, cubre con papel de aluminio. Los últimos 5 minutos, activa el grill o gratinador para conseguir ese acabado dorado y burbujeante que caracteriza a un buen gratin.

Sabrás que está listo cuando veas que el queso superior está dorado con algunos puntos más oscuros, casi tostados. Los bordes deben burbujear y verse ligeramente caramelizados. Si insertas un cuchillo en el centro, debe salir caliente.

Déjalo reposar fuera del horno unos 5 minutos antes de servir. Este tiempo permite que la bechamel se asiente y sea más fácil de cortar en porciones. Si lo sirves inmediatamente, quedará demasiado líquido y se desarmará en el plato.

Relacionado con este tema del gratinado perfecto, te recomiendo ver mi gratin de patatas clásico donde explico más trucos para conseguir esa costra dorada ideal. Los principios son muy similares aunque cambien los ingredientes.

¿Qué va primero, el jamón o el queso?

Esta pregunta me la hacen constantemente y tiene más ciencia de lo que parece. El orden correcto marca la diferencia entre un gratin bien hecho y uno que no termina de convencer.

La respuesta corta es: el jamón va mezclado con la pasta y la bechamel en el interior, mientras que la mayor parte del queso va en dos momentos: una porción dentro de la mezcla y otra cantidad generosa encima para gratinar.

Déjame explicarte por qué este orden funciona mejor. El jamón necesita estar protegido dentro de la mezcla cremosa. Si lo pones encima, se seca completamente en el horno y queda duro como una piedra. He visto gratins donde ponen lonjas de jamón sobre la superficie y terminan pareciendo chips quemados. Nadie quiere eso.

El jamón mezclado en el interior se mantiene jugoso gracias a la bechamel que lo rodea. Cada bocado lleva jamón bien distribuido, no solo en la superficie. Además, su sabor se integra mejor con la pasta cuando está dentro de la preparación.

El queso, por otro lado, tiene dos funciones diferentes según dónde lo pongas. El queso que mezclas dentro aporta cremosidad y sabor. Se funde completamente y crea esa textura sedosa que une todos los ingredientes. Normalmente uso quesos que se derriten bien para esta parte, como la mozzarella o el gouda.

El queso de la superficie cumple otro propósito: crear esa costra dorada y crujiente que define a un gratin. Para esto necesitas quesos que gratinen bien, como el parmesano o el manchego. Estos quesos tienen menos humedad y se tuestan sin quemarse, creando ese acabado profesional.

Si pusieras todo el queso encima, el interior quedaría seco y sin sabor. Si pusieras todo el queso dentro, no tendrías ese gratinado apetitoso que hace que este plato sea tan especial. La división 60-40 es perfecta: 60% del queso dentro y 40% encima.

Un error común que veo es poner capas alternadas: pasta, jamón, queso, pasta, jamón, queso. Esto viene de confundir el gratin con una lasaña. En un gratin de pasta, todo se mezcla primero y luego se gratina. Las capas no funcionan bien porque la pasta suelta necesita la bechamel rodeándola completamente.

Otro fallo típico es añadir el queso demasiado pronto al mezclar. Si pones el queso en la bechamel cuando todavía está muy caliente, puede cortarse y formar hebras gomosas. Espera a que la bechamel esté tibia antes de añadir el queso que va dentro. El queso de gratinar solo va al final, justo antes de hornear.

La técnica profesional que aprendí de un chef italiano es crear una capa muy fina de queso parmesano rallado directamente sobre la fuente enmantequillada antes de añadir la pasta. Esto crea una base crujiente que contrasta con el interior cremoso. Luego pones la mezcla de pasta, jamón y bechamel, y finalmente el queso de gratinar encima. Esta triple capa de queso en diferentes texturas es lo que diferencia un gratin casero de uno de restaurante.

Si quieres experimentar con otras combinaciones de gratin, te sugiero probar mi receta de gratin de calabacín con queso de cabra, donde también uso esta técnica del queso en capas. También tengo unos deliciosos feuilletés aux champignons & fromage que utilizan una combinación similar de quesos gratinados.

Para ocasiones más especiales, mi pain gourmand aux fruits de mer también emplea esta misma técnica de gratinado con queso, aunque con ingredientes completamente diferentes. El principio es el mismo: ingredientes protegidos dentro y queso crujiente encima.

Variaciones y combinaciones del gratin de pasta con jamón y queso

Ahora que dominas la receta básica, quiero abrirte un mundo de posibilidades. Lo maravilloso del gratin de pasta con jamón y queso es que funciona como un lienzo en blanco donde puedes pintar con los sabores que más te gusten.

Mi vecina Marta prepara este gratin cada viernes, pero nunca lo hace igual dos veces seguidas. Un día le añade brócoli, otro día champiñones, y la semana pasada lo hizo con un toque de mostaza de Dijon que me dejó sorprendida. Esa versatilidad es precisamente lo que convierte esta receta en un clásico que nunca aburre.

Versiones con verduras que transforman el plato

Añadir verduras al gratin no solo lo hace más nutritivo, también aporta color y texturas diferentes. El brócoli al vapor es mi adición favorita. Lo corto en floretes pequeños, lo blanqueo apenas tres minutos y lo mezclo con la pasta antes de añadir la bechamel. Queda tierno pero con un poco de resistencia al morderlo.

Los champiñones salteados son otra incorporación fantástica. Los corto en láminas no muy finas y los salteo en mantequilla hasta que suelten su agua y se doren. Ese sabor terroso combina increíble con el jamón. Necesitarás unos 200 gramos de champiñones frescos.

La espinaca funciona de maravilla, especialmente si tienes niños que normalmente la rechazan. La espinaca fresca se reduce muchísimo al cocinarla, así que necesitas un buen manojo. Saltéala con un poco de ajo, escúrrela bien presionándola con un tenedor para quitar el exceso de agua, y mézclala con la pasta. Casi no se nota pero añade nutrientes importantes.

El pimiento rojo asado aporta dulzor y un color precioso que hace que el gratin se vea mucho más apetitoso. Puedes usar pimientos de bote si tienes prisa, pero si los asas tú mismo el sabor es incomparable. Los corto en tiras y los distribuyo por toda la mezcla.

Los tomates cherry cortados por la mitad y colocados encima antes de gratinar explotan en el horno liberando su jugo dulce. Es una versión más veraniega que queda preciosa para servir cuando tienes invitados.

Un truco que aprendí de casualidad: si añades verduras con mucha agua como el calabacín, córtalas en rodajas finas y sálalas media hora antes. Esto las deshidrata un poco y evita que el gratin quede aguado. Luego las secas con papel de cocina y listo.

Especias y hierbas que elevan el sabor

Más allá de la nuez moscada que ya mencioné, hay especias que pueden darle un giro completamente diferente a tu gratin. Una pizca de pimentón ahumado añade profundidad sin que el plato se vuelva picante. Solo media cucharadita es suficiente.

El tomillo fresco es perfecto para este tipo de preparaciones. Añado las hojitas directamente a la bechamel mientras se cocina. Ese aroma herbáceo combina especialmente bien si usas jamón de pavo en lugar del tradicional.

La mostaza de Dijon, como hacía mi vecina, es un cambio sutil pero efectivo. Una cucharada mezclada en la bechamel aporta ese toque picante y ácido que corta la cremosidad del queso. No uses mostaza amarilla normal porque es demasiado agresiva.

Para una versión italiana, añade orégano seco y un poco de albahaca fresca picada justo antes de servir. Transforma completamente el perfil de sabores y lo acerca a una pasta al horno mediterránea.

Adaptaciones según tus necesidades dietéticas

Cada vez más personas me preguntan cómo adaptar esta receta a diferentes restricciones alimentarias. La buena noticia es que es muy flexible.

Para una versión sin gluten, simplemente usa pasta sin gluten. Las de arroz o maíz funcionan bien, aunque suelen necesitar menos tiempo de cocción inicial. Redúcelas a la mitad del tiempo indicado antes de pasarlas al horno. Para la bechamel, sustituye la harina de trigo por harina de arroz o maicena. La proporción es la misma pero la maicena espesa más rápido, así que ve con cuidado.

La opción baja en calorías requiere algunos ajustes pero sigue siendo deliciosa. Usa leche desnatada en lugar de entera, y sustituye la crema por más leche con una cucharada de queso crema light. Reduce la cantidad de queso a la mitad y compensa con más hierbas aromáticas. El sabor será más suave pero igual de reconfortante. Mantener un equilibrio energético saludable no significa renunciar a platos gratinantes si sabes cómo ajustar las proporciones.

Para quienes evitan el cerdo, el jamón de pavo es la alternativa obvia. Pero también puedes usar pollo cocido desmenuzado, que funciona de maravilla. Incluso he probado versiones con atún en lata bien escurrido que quedan sorprendentemente bien, aunque ahí ya nos alejamos bastante del concepto original.

La versión vegetariana elimina el jamón y lo sustituye por más verduras o por proteínas vegetales. Prueba con tofu ahumado cortado en cubitos, o con seitán desmenuzado. También puedes hacer una versión completamente vegetal usando champiñones portobello marinados que aportan esa textura carnosa.

Ideas de presentación para cada ocasión

La forma en que presentes el gratin cambia completamente la percepción del plato. Para una cena familiar entre semana, simplemente sírvelo directo de la fuente en el centro de la mesa. Es informal, cálido y permite que cada uno se sirva la porción que quiera.

Cuando recibo invitados más formales, preparo el gratin en cazuelitas individuales de cerámica. Se ven elegantes, cada persona tiene su propia porción perfectamente gratinada, y además se mantienen calientes más tiempo. Eso sí, ajusta el tiempo de horneado porque las porciones individuales se cocinan más rápido, generalmente en 15-20 minutos.

Para reuniones con amigos tipo buffet, corto el gratin en cuadrados perfectos una vez que se ha enfriado un poco. Los coloco en una bandeja bonita y los decoro con un poco de perejil fresco picado. Se pueden tomar con la mano usando un palillo largo, lo que lo convierte en un aperitivo sofisticado.

Una presentación que triunfa siempre en cumpleaños infantiles es hacer mini gratins en moldes de muffins. Los niños adoran tener su propia porción pequeña y crujiente. Usa pasta pequeña como coditos y reduce el tiempo de horno a 12-15 minutos.

Si quieres explorar más opciones de platos horneados con esa textura gratinada irresistible, encontrarás muchísimas ideas en nuestra sección de gratines y platos al horno donde compartimos recetas tanto clásicas como creativas.

Combinaciones atrevidas que funcionan

Después de años experimentando, he descubierto algunas combinaciones que pueden parecer extrañas pero son absolutamente deliciosas. El gratin con pera y queso azul suena raro pero créeme, funciona. Sustituye parte del jamón por cubitos de pera firme y añade un poco de queso gorgonzola suave a la mezcla de quesos. El contraste dulce-salado es adictivo.

Otra versión que me encanta es la mediterránea con aceitunas negras y alcaparras. Reduce un poco la sal porque estos ingredientes ya aportan mucho sabor salado. Añade también tomates secos picados y quedará como un plato de la Toscana italiana.

Para los amantes del picante, una versión con jalapeños en vinagre y un toque de comino molido transforma completamente el gratin dándole un aire mexicano. Combínalo con queso cheddar fuerte y tendrás algo único.

Preguntas frecuentes sobre el gratin de pasta con jamón y queso

¿Puedo preparar el gratin con anticipación?

Sí, de hecho es una de las grandes ventajas de esta receta. Puedes montar todo el gratin hasta el momento de hornear, cubrirlo con film transparente y guardarlo en el refrigerador hasta 24 horas. Cuando vayas a hornearlo, añade 5-10 minutos extra al tiempo de cocción porque estará frío. También puedes congelarlo ya montado pero sin hornear. En ese caso, descongélalo completamente en el refrigerador antes de hornearlo.

¿Qué queso queda mejor con la pasta?

Los mejores quesos para pasta gratinada son aquellos que se derriten bien y tienen buen sabor. La mozzarella es perfecta para cremosidad, el gouda o edam aportan sabor suave, y el parmesano o manchego son ideales para el gratinado superior. Una mezcla de estos tres tipos te dará el resultado más equilibrado. Evita quesos muy grasos como el cheddar en exceso porque pueden hacer que el plato quede demasiado aceitoso.

¿Qué combina con jamón en un gratin?

El jamón combina maravillosamente con quesos cremosos como mozzarella y gouda, con verduras como brócoli, espinacas y champiñones, y con hierbas como tomillo y orégano. También funciona bien con un toque de mostaza de Dijon en la bechamel, o con cebolla caramelizada. Los tomates secos y las aceitunas negras son otras opciones deliciosas que equilibran la salinidad del jamón con sabores mediterráneos.

¿Cuánto tiempo se conserva el gratin ya cocido?

El gratin cocido se mantiene perfectamente en el refrigerador de 3 a 4 días en un recipiente hermético. Para recalentarlo, usa el horno a 160 grados durante 15-20 minutos cubierto con papel de aluminio. Los últimos 5 minutos destápalo para que recupere el crujiente. El microondas también funciona pero el gratinado superior quedará blando. Puedes congelar porciones ya cocidas hasta 3 meses.

¿Por qué mi gratin queda aguado?

Las causas más comunes son usar demasiada bechamel o que las verduras añadidas suelten mucha agua. Asegúrate de cocinar la bechamel hasta que esté bien espesa, y si usas vegetales como calabacín o espinacas, escúrrelos muy bien antes de añadirlos. También es importante dejar reposar el gratin 5 minutos después de sacarlo del horno para que los líquidos se asienten. Cocinar la pasta menos tiempo del indicado también ayuda porque absorberá parte del líquido.

¿Puedo usar pasta integral o de legumbres?

Por supuesto. La pasta integral funciona perfectamente en esta receta y añade más fibra y nutrientes. Ten en cuenta que tiene un sabor más intenso que puede competir con el queso, así que tal vez necesites ajustar las especias. La pasta de legumbres como garbanzos o lentejas también funciona pero tiende a deshacerse más fácilmente, así que cocínala muy al dente, incluso 3 minutos menos de lo indicado en el paquete.

¿Cómo evito que el queso superior se queme?

El truco está en controlar la temperatura y la posición en el horno. Hornea a 180 grados en la parte media del horno, nunca en la rejilla superior. Si ves que el queso se está dorando demasiado rápido, cubre con papel de aluminio. El gratinador o grill solo se activa los últimos 3-5 minutos y siempre vigilando constantemente porque en cuestión de segundos puede pasar de dorado perfecto a quemado.

¿Qué tipo de jamón es mejor, cocido o serrano?

El jamón cocido es definitivamente mejor para esta receta. Se mantiene jugoso en el horno y su sabor suave combina perfectamente con la bechamel y el queso. El jamón serrano se seca demasiado con el calor prolongado y puede quedar duro. Si realmente quieres usar jamón serrano, añádelo en trozos grandes solo los últimos 10 minutos de horneado, o coloca unas lonchas encima del gratin ya terminado justo antes de servir.

¿Puedo hacerlo sin bechamel?

Sí, aunque el resultado será diferente. Puedes sustituir la bechamel por una mezcla de huevos batidos con nata o crema de leche. Usa 3 huevos batidos con 200 ml de nata y mézclalo con la pasta, el jamón y parte del queso. Quedará más como una pasta al horno estilo frittata que como un gratin cremoso tradicional, pero igual de delicioso. Otra opción es usar simplemente crema de leche mezclada con un poco de queso crema.

¿Qué acompañamientos van bien con este gratin?

Al ser un plato bastante contundente y cremoso, lo mejor es acompañarlo con algo fresco y ligero. Una ensalada verde simple con vinagreta de limón funciona perfecto. También va bien con tomates en rodajas aliñados con aceite de oliva y albahaca. Si quieres algo caliente, unas judías verdes al vapor con un toque de mantequilla equilibran muy bien. Evita acompañamientos pesados o con mucha salsa porque el gratin ya es bastante rico por sí solo.

Este gratin de pasta con jamón y queso es mucho más que una simple receta. Es esa solución confiable que siempre tienes a mano cuando la vida se pone complicada y necesitas algo rico, rápido y que funcione. Es el plato que preparo cuando quiero demostrar cariño sin pasarme horas en la cocina, y que nunca falla en arrancar sonrisas alrededor de la mesa. Espero que lo prepares pronto y que se convierta en uno de esos platos que tu familia pida una y otra vez. Si le haces alguna variación interesante o tienes algún truco que quieras compartir, me encantaría leerlo en los comentarios. ¡Buen provecho y a disfrutar de ese gratinado dorado perfecto!

Gratin de pasta con jamón y queso

Gratin de pasta con jamón y queso

Descubre la receta del gratin de pasta con jamón y queso perfecto para cualquier ocasión fácil rápida y deliciosa.
Tiempo de preparación: 15 minutos
Tiempo de cocción: 30 minutos
Tiempo Total: 45 minutos
Plato: Dessert
Cocina: Italien
Palabra clave: Gourmand
Servings: 4 personas
Calories: 450kcal
Cost: 12-15 dólares

Equipo

  • Olla grande
  • Sartén
  • Espátula
  • Fuente para horno
  • Varillas

Ingredientes

  • 400 g Pasta (macarrones, penne o tornillos)
  • 200-250 g Jamón cocido o de pavo cortado en cubos
  • 300 g Queso rallado mezcla de diferentes tipos
  • 300 ml Crema de leche
  • 200 ml Leche
  • 50 g Mantequilla
  • 3 cucharadas Harina
  • 2 Ajo picados finamente
  • q.s. Nuez moscada una pizca
  • al gusto Pimienta negra
  • con cuidado Sal
  • opcional Pan rallado
  • un chorrito Aceite de oliva

Instrucciones

  • Hervir abundante agua en una olla grande y añadir sal.
  • Cocinar la pasta 2 minutos menos de lo que indica el paquete y escurrir sin enjuagar.
  • Derretir mantequilla en una sartén y añadir el ajo picado, cocinar por 30 segundos.
  • Incorporar la harina al ajo y formar un roux, cocinando por 2 minutos.
  • Agregar la leche poco a poco mientras mezclas con varillas para evitar grumos.
  • Añadir la crema de leche y cocinar hasta que la salsa espese.
  • Añadir nuez moscada, pimienta y un poco de sal.
  • Mezclar la pasta escurrida con la bechamel, cubos de jamón y dos tercios del queso rallado.
  • Verter la mezcla en una fuente para horno previamente enmantequillada.
  • Espolvorear el queso restante sobre la mezcla y añadir un poco de pan rallado si se desea.
  • Precalentar el horno a 180 grados y hornear durante 25-30 minutos.
  • Dejar reposar el gratin 5 minutos antes de servir.

Notas

Este gratin se puede personalizar con verduras como brócoli o espinacas. Puedes hacer el gratin con anticipación y refrigerar antes de hornear. Si deseas una versión más ligera, usa leche desnatada y reduce la cantidad de queso. Para un toque crujiente, guarda un poco de queso rallado para añadir durante los últimos minutos de horneado.

Nutrición

Calorías: 450kcal | Carbohidratos: 60g | Proteina: 25g | Grasa: 15g | Grasa saturada: 9g | Grasa polinsaturada: 1g | Grasa monosaturada: 4g | Colesterol: 50mg | Sodio: 600mg | Potasio: 350mg | Fibra: 3g | Azúcar: 5g | Vitamina A: 500IU | Vitamina C: 2mg | Calcio: 300mg | Hierro: 2mg
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