El aroma inconfundible del perejil fresco mezclado con ajo me transporta siempre a los domingos de mi infancia. Mi abuelo preparaba su chimichurri con un ritual casi sagrado. Cortaba cada hoja de perejil con paciencia mientras el asado chisporroteaba en la parrilla. Ese verde intenso en el frasco de vidrio era la señal de que algo especial estaba por comenzar.
¿Alguna vez probaste un buen asado sin chimichurri? Es como tomar mate sin yerba. Esta salsa verde y aromática es mucho más que un simple condimento en Argentina. Es parte de nuestra identidad gastronómica. Cada familia tiene su receta secreta. Cada parrillero defiende su versión con orgullo.
En este artículo vas a descubrir todos los secretos de la auténtica salsa chimichurri argentina. Te voy a enseñar qué ingredientes necesitas. Aprenderás la historia fascinante detrás de esta preparación legendaria. También conocerás las técnicas que transformarán tu forma de preparar asados para siempre.
No importa si nunca hiciste chimichurri antes. Tampoco importa si ya tienes tu propia receta. Aquí encontrarás consejos prácticos que mejorarán tu técnica. Te compartiré trucos que aprendí de generaciones de parrilleros argentinos.
¿Qué es la Salsa Chimichurri Argentina?
La salsa chimichurri es una mezcla verde y vibrante que acompaña las carnes asadas en Argentina. Su base principal incluye perejil fresco picado muy fino. Se combina con ajo, aceite, vinagre y especias que le dan su sabor característico.
Esta salsa tiene una textura líquida pero con cuerpo. No es una pasta ni tampoco un aderezo muy aguado. El color verde intenso proviene del perejil. Los pequeños trozos de ajo y las hojuelas de ají le dan ese toque visual único.
Cada bocado de carne con chimichurri es una explosión de sabores. El ajo aporta ese picante suave. El vinagre da acidez que corta la grasa de la carne. El perejil fresco suma frescura y aroma. Todo esto bañado en aceite que une los sabores perfectamente.
El origen del chimichurri está rodeado de historias y leyendas. Una de las versiones más populares dice que nació durante las guerras de independencia. Según esta historia, un soldado inglés llamado Jimmy McCurry pidió esta salsa para su carne. Los gauchos argentinos pronunciaban mal su nombre. Decían «chimichurri» en lugar de Jimmy McCurry.
Otra teoría sugiere que viene del euskera. La palabra «tximitxurri» significa «mezcla de varias cosas en desorden». Esta versión tiene sentido porque muchos vascos se establecieron en Argentina. Trajeron sus tradiciones culinarias y las mezclaron con las locales.
La verdad histórica probablemente nunca la sabremos con certeza. Lo importante es que esta salsa se convirtió en un símbolo nacional. Desde los años 1800 ya aparecía en reuniones gauchas. Los trabajadores del campo la preparaban con ingredientes simples y abundantes.
La importancia cultural del chimichurri en Argentina va más allá de la cocina. Representa la tradición del asado. Este ritual dominical une a las familias argentinas desde hace generaciones.
Cada región de Argentina tiene pequeñas variaciones en su receta. En algunas zonas agregan más ají picante. En otras prefieren un sabor más suave. Algunas familias usan orégano fresco. Otras solo confían en el seco.
El chimichurri también refleja nuestra forma de ser. Es generoso como la hospitalidad argentina. Se comparte sin mezquindad. Siempre hay chimichurri suficiente para todos en la mesa.
Los parrilleros profesionales consideran el chimichurri como su firma personal. Un buen parrillero se reconoce por tres cosas. Su manejo del fuego. El punto de la carne. Y la calidad de su chimichurri.
Esta salsa acompaña todo tipo de cortes. Va perfecto con el vacío jugoso. Realza el sabor de las costillas. Transforma una simple entraña en algo memorable. Incluso las morcillas y chorizos mejoran con un buen chimichurri.
Pero su uso no se limita solo al asado. Muchos argentinos lo usan para marinar pollo antes de cocinarlo. Otros lo agregan a las empanadas de carne. Algunos hasta lo mezclan con mayonesa para hacer sándwiches especiales.
¿Qué contiene el chimichurri argentino? Esta es probablemente la pregunta más común. Y la respuesta puede variar según a quién le preguntes.
Los ingredientes básicos son bastante universales en Argentina:
- Perejil fresco picado finamente
- Ajo bien picado o triturado
- Aceite de girasol o mezcla con oliva
- Vinagre de vino tinto o blanco
- Orégano seco
- Ají molido o pimentón
- Sal gruesa
- Agua para ajustar la consistencia
La proporción de estos ingredientes es donde comienza el debate. Mi abuela usaba el doble de perejil que mi abuelo. Mi tío agrega una cucharada de comino. Mi prima incorpora un toque de limón.
El tipo de aceite también genera opiniones divididas. Los puristas usan solo aceite de girasol. Dicen que el sabor del aceite de oliva es demasiado fuerte. Otros prefieren una mezcla de ambos. Buscan el equilibrio perfecto entre sabor suave y textura.
El vinagre es otro punto de discusión. Algunos juran por el vinagre de vino tinto. Otros prefieren el blanco porque no oscurece el verde brillante del perejil. Hay quienes usan vinagre de alcohol rebajado con agua.
La cantidad de ajo separa a los valientes de los prudentes. He visto recetas con un diente por taza. Y otras con seis dientes para la misma cantidad. Todo depende de cuánto te guste el sabor intenso del ajo.
El nivel de picante varía según la región y el gusto personal. En el norte de Argentina prefieren versiones más picantes. En Buenos Aires suele ser más suave. Muchas familias preparan dos versiones. Una picante para los aventureros. Otra suave para los más cautelosos.
El agua es un ingrediente que muchos olvidan mencionar. Pero es esencial para lograr la consistencia perfecta. El chimichurri no debe ser ni muy espeso ni muy líquido. Debe fluir sobre la carne sin ser aguado.
Algunos agregan ingredientes adicionales que no son tradicionales. Perejil crespo en lugar del liso. Cilantro mezclado con el perejil. Cebolla picada muy fina. Pimiento rojo en pequeños dados. Cada adición es una interpretación personal de la receta clásica.
Ingredientes de la Salsa Chimichurri
Ahora que ya conocés la historia y el alma de esta salsa legendaria, es momento de entrar en la cocina y hablar de lo que realmente importa: los ingredientes.
Cuando mi tía Marta me enseñó a hacer chimichurri por primera vez, me dijo algo que nunca olvidé. «El chimichurri perdona muchas cosas, pero no perdona ingredientes de mala calidad». Tenía toda la razón. Podés equivocarte un poco en las proporciones. Podés agregar o quitar alguna especia. Pero si usás perejil marchito o aceite rancio, no hay receta que te salve.
El perejil fresco es el rey indiscutido de esta preparación. Y cuando digo fresco, hablo de hojas verdes y brillantes que casi crujen al cortarlas. El perejil liso es el que más se usa en Argentina, aunque algunos prefieren el crespo. Personalmente, el liso me parece que tiene un sabor más intenso y se pica más fácilmente.
Necesitás aproximadamente un taza bien llena de perejil picado para medio litro de chimichurri. Algunos usan más, otros menos. Mi consejo es que no escatimes. Un chimichurri con poco perejil pierde su identidad. Se convierte en un aceite con ajo, y eso no es lo que buscamos.
El perejil debe estar completamente seco antes de picarlo. Si lo lavaste, dejalo escurrir bien y secalo con papel de cocina. El agua que queda en las hojas diluye el aceite y acorta la vida útil de tu chimichurri. Además, un perejil mojado es imposible de picar bien. Se convierte en una pasta verde pegajosa.
El ajo es el segundo protagonista de esta historia. Acá las opiniones se dividen más que en un debate político. Hay quienes ponen apenas dos dientes por frasco. Otros meten ocho o diez sin pestañear.
La cantidad ideal depende de varios factores. ¿Cuánto te gusta el ajo? ¿Tenés que trabajar al día siguiente? ¿Vas a compartir este chimichurri con gente que recién conocés? Todas preguntas válidas.
Para medio litro de chimichurri, yo uso entre cuatro y seis dientes de ajo de tamaño mediano. Los pico bien finitos, casi hasta convertirlos en una pasta. Algunos los pasan por la prensa de ajos. Otros los rallan. Lo importante es que queden bien desmenuzados para que liberen todo su sabor.
Un truco que aprendí de un parrillero de Córdoba: dejá el ajo picado reposar unos minutos con un poco de sal gruesa antes de agregarlo al chimichurri. La sal extrae los jugos del ajo y suaviza su sabor sin perder intensidad.
El aceite es la base líquida que une todo. En Argentina, tradicionalmente se usa aceite de girasol. Es neutro, económico y deja que los otros sabores brillen. Si querés darle un toque más gourmet, podés mezclar aceite de girasol con un poco de aceite de oliva. Una proporción de tres partes de girasol y una de oliva funciona perfecto.
Evitá usar solo aceite de oliva extra virgen de sabor muy intenso. Vas a terminar con un chimichurri que sabe más a aceitunas que a perejil. A menos que eso sea exactamente lo que buscás, claro.
Necesitás aproximadamente dos tazas de aceite para un frasco mediano de chimichurri. La cantidad exacta la vas a ir ajustando según la consistencia que prefieras. Algunos lo quieren más líquido para que se esparza fácil sobre la carne. Otros prefieren algo más espeso que se adhiera mejor.
El vinagre aporta esa acidez que equilibra la grasa del aceite y la carne. El vinagre de vino tinto es el más tradicional. Le da un color más oscuro al chimichurri pero suma profundidad de sabor. El vinagre de alcohol diluido también funciona bien y mantiene ese verde brillante del perejil.
La proporción típica es de media taza de vinagre por cada dos tazas de aceite. Pero esto también es negociable según tu paladar. Si te gusta más ácido, agregá un poco más. Si preferís algo más suave, reducí la cantidad.
Un secreto que pocos conocen: algunos parrilleros añaden una cucharada de vinagre balsámico al chimichurri tradicional. No es ortodoxo para nada, pero el toque dulce del balsámico funciona de maravilla con ciertos cortes de carne.
El orégano seco es fundamental. No intentes usar orégano fresco. El seco tiene una concentración de sabor que el fresco no puede igualar en esta preparación. Una o dos cucharadas soperas son suficientes. Frotalo entre tus manos antes de agregarlo para liberar sus aceites esenciales.
El ají molido o pimentón le da ese toque de color rojizo y un picante suave. Si te gusta picante de verdad, agregá ají picante en escamas o incluso un poco de cayena. Para una versión familiar que todos puedan disfrutar, usá pimentón dulce con apenas una pizca de picante.
La sal gruesa es esencial. No uses sal fina porque se disuelve demasiado rápido y podés pasarte de mano. La sal gruesa se va disolviendo de a poco y te da más control sobre el punto de sal. Dos cucharadas soperas son un buen punto de partida.
Si querés experimentar con algo diferente, probá usar sal marina en escamas. Le da una textura interesante al chimichurri. O una sal ahumada si querés potenciar ese sabor a parrilla.
El agua es el ingrediente secreto que muchos omiten. Un cuarto de taza de agua ayuda a integrar todos los sabores y ajusta la consistencia. Usá agua mineral o filtrada si el agua de tu zona tiene mucho cloro. El cloro puede alterar el sabor del chimichurri.
Las variaciones regionales son fascinantes. En Mendoza, algunos agregan un toque de cilantro junto al perejil. En la Patagonia prefieren versiones más suaves con menos ajo. En el norte argentino, especialmente en Salta y Jujuy, el chimichurri tiende a ser más picante con ají colorado.
Mi prima que vive en Rosario agrega una cucharadita de comino molido. Dice que es la receta de su suegra y que revoluciona el sabor. La probé y no le falta razón. El comino le da una profundidad terrosa que combina increíble con las costillas.
Algunas familias incorporan ingredientes menos tradicionales pero igualmente deliciosos como cebolla de verdeo picada finita o incluso un toque de jengibre rallado.
La calidad de los ingredientes marca una diferencia abismal. He probado chimichurris hechos con perejil del supermercado que llevaba días en la heladera. También probé versiones con perejil recién cortado del jardín. No hay comparación posible.
Si podés conseguir perejil orgánico, mejor todavía. El sabor es más concentrado y las hojas tienen mejor textura. Lo mismo aplica para el ajo. Un ajo fresco y firme tiene un sabor completamente diferente a esos ajos blandos que ya empezaron a brotar.
Cómo Hacer Chimichurri Argentino
Llegamos al momento de la verdad. Tenés todos los ingredientes sobre la mesada. Es hora de transformarlos en esa salsa mágica que va a elevar tu próximo asado a otro nivel.
Antes de empezar, necesitás tener listo un frasco de vidrio bien limpio y seco. Los frascos con tapa a rosca funcionan perfecto. Yo uso esos frascos de medio litro que vienen con dulce de leche o mermeladas. Los lavo bien, los esterilizo con agua hirviendo y los dejo secar completamente.
Paso 1: Preparar el perejil
Lavá bien el perejil bajo agua fría. Sacudilo para quitar el exceso de agua. Luego secalo completamente con papel de cocina o con un repasador limpio. Este paso no se puede saltar. El agua es enemiga del buen chimichurri.
Separás las hojas de los tallos más gruesos. Los tallitos finos podés dejarlos porque tienen mucho sabor. Pero los tallos gordos y leñosos van para afuera. Hacen que el chimichurri quede amargo.
Ahora viene la parte que requiere paciencia: picar el perejil bien finito. Usá un cuchillo bien afilado. Un cuchillo sin filo solo va a machacar el perejil y hacerte perder tiempo. Picalo con movimientos firmes hasta que quede bien desmenuzado pero no convertido en papilla.
Paso 2: Preparar el ajo
Pelá los dientes de ajo. Cortá cada diente a la mitad y sacale ese brote verde del centro si tiene. Ese brote es el que causa el sabor amargo y la indigestión.
Picá el ajo lo más fino que puedas. Si tenés prensa de ajos, usala sin culpa. Si preferís rallarlo, también funciona. Lo importante es que quede bien desintegrado. Mezclalo con un poco de sal gruesa y dejalo reposar unos minutos mientras terminás con el resto.
Paso 3: Combinar los ingredientes secos
En un bowl mediano, poné el perejil picado, el ajo con sal, el orégano, el ají molido o pimentón. Mezclá todo bien con una cuchara de madera. Este es el momento de sentir los aromas mezclándose. Si no se te hace agua la boca en este punto, algo estás haciendo mal.
Paso 4: Agregar los líquidos
Pasá toda la mezcla al frasco de vidrio. Agregá el aceite de a poco, mezclando con una cuchara larga. Luego incorporá el vinagre. Por último, agregá el agua. Revolvé bien para que todo se integre.
Acá viene un debate eterno entre chimichurreros: ¿se mezcla todo de una o se agregan los ingredientes por capas? Yo probé las dos formas. La verdad es que después de reposar unas horas, el resultado es prácticamente igual. Hacelo como te resulte más cómodo.
Paso 5: Ajustar la consistencia y el sabor
Probá tu chimichurri. ¿Necesita más sal? ¿Más ácido? ¿Está muy espeso? Este es el momento de hacer ajustes. Si querés que quede más líquido, agregá un poco más de aceite o agua. Si te parece que le falta carácter, ponele más ají o ajo.
La consistencia ideal es como la de un aceite con hierbas bien cargado. Debe fluir cuando inclinás el frasco pero no ser aguado. Las hierbas y especias deben quedar suspendidas en el aceite, no flotando todas arriba o hundidas al fondo.
El tiempo de reposo es crucial. Acá está uno de los secretos que separan un chimichurri decente de uno excepcional. Después de prepararlo, tapá el frasco y dejalo reposar en la heladera por lo menos cuatro horas. Mejor aún si lo dejás toda la noche.
Durante ese tiempo de reposo, todos los sabores se van mezclando y matrimoniando. El ajo libera sus aceites. El orégano se hidrata y suelta su aroma. El vinagre suaviza el picante del ají. Es como una fiesta química donde todos los invitados terminan siendo amigos.
Yo siempre preparo mi chimichurri el día anterior al asado. Así tiene tiempo suficiente para desarrollar todo su potencial. Algunos parrilleros lo hacen con dos o tres días de anticipación. Dicen que el sabor mejora hasta el tercer día y después se mantiene estable.
Antes de usar tu chimichurri, sacalo de la heladera al menos media hora antes. Dejalo a temperatura ambiente y revolvelo bien. El aceite se solidifica un poco con el frío y necesita volver a estado líquido para esparcirse bien sobre la carne.
Conservación del chimichurri: en la heladera, bien tapado, puede durar hasta dos semanas sin problemas. Algunos dicen que aguanta un mes, pero yo prefiero no arriesgar. Después de dos semanas, el perejil empieza a perder color y sabor.
Cada vez que uses el chimichurri, hacelo con una cuchara limpia. Nada de meter el mismo cubierto que usaste para la carne. Eso introduce bacterias y acorta su vida útil. Después de cada uso, limpiá el borde del frasco con papel de cocina antes de taparlo.
Si ves que el aceite se separa y queda arriba, es completamente normal. Solo revolvé bien antes de usar. Lo que NO es normal es que aparezca moho o un olor raro. Si eso pasa, por más que duela, tiralo y hacé uno nuevo.
Algunos congelan el chimichurri en cubetera para tener porciones individuales siempre listas. Es práctico pero afecta un poco la textura del perejil. Si vas a congelar, preferí hacerlo en porciones que puedas usar de una sola vez.
Un consejo final que me dio un parrillero de San Antonio de Areco: guardá siempre un poco del chimichurri anterior cuando hagas uno nuevo. Agregale una cucharada del viejo al fresco. Es como tener una salsa madre que va madurando con el tiempo. No sé si tiene base científica, pero el chimichurri sabe mejor. Tal vez sea solo superstición de parrillero, pero ¿quién soy yo para discutir con la tradición?
Ya tenés todo lo que necesitás para hacer tu propio chimichurri argentino auténtico. ¿Cuáles son los ingredientes del chimichurri para asado? Ahora los conocés al detalle. ¿Cómo hacer chimichurri argentino? Ya dominás la técnica. Solo falta que lo pongas en práctica.
Usos y Combinaciones de la Salsa Chimichurri
Ahora que tenés tu frasco de chimichurri reposando en la heladera, es momento de hablar de algo igual de importante que prepararlo: cómo usarlo de la mejor manera posible.
La primera vez que vi a alguien echándole chimichurri a un plato de pasta casi me da un infarto. Era mi amigo Martín, que había pasado seis meses en Italia y volvió con ideas raras. «Probalo antes de juzgarme», me dijo. Y la verdad, no estaba tan mal. Ahí entendí que el chimichurri puede ser mucho más versátil de lo que nos enseñaron nuestros abuelos.
Los platos tradicionales con chimichurri son obvios pero necesarios de mencionar. El asado es el rey indiscutido. Vacío, tira de asado, entraña, costillas, todo corte de carne a la parrilla mejora con un buen chimichurri. Lo ideal es servir la salsa en un bol aparte para que cada comensal se sirva a gusto.
Algunos prefieren pincelar la carne con chimichurri durante los últimos minutos de cocción. Otros lo ponen directamente sobre la carne ya cortada en el plato. Yo hago las dos cosas: un poco durante la cocción para que se impregne el sabor, y después más chimichurri fresco al servir.
Las achuras también son compañeras perfectas del chimichurri. Las morcillas, chinchulines y mollejas se benefician enormemente de esa acidez y frescura. Un choripán sin chimichurri es como un abrazo sin cariño, técnicamente funciona pero le falta alma.
El pollo a la parrilla también es un candidato perfecto. La carne blanca puede resultar un poco seca o aburrida, pero con chimichurri se transforma. Mi tía Silvia marina pechugas de pollo en chimichurri por dos horas antes de cocinarlas. Quedan jugosas y llenas de sabor.
Las verduras asadas con chimichurri son una revelación. Berenjenas, calabacines, pimientos, cebollas, todo mejora con un chorrito generoso de esta salsa. Los vegetarianos se vuelven locos cuando descubren esta combinación. Es una forma de hacer que las verduras tengan todo el protagonismo que merecen.
Probá hacer unos champiñones portobello a la parrilla bañados en chimichurri. O unos espárragos con un toque de esta salsa. Son acompañamientos que rivalizan en sabor con cualquier carne.
El pescado y los mariscos también funcionan increíblemente bien. Sé que esto suena raro para muchos argentinos tradicionales, pero un buen salmón o una trucha con chimichurri son espectaculares. Los camarones a la plancha con chimichurri son directamente adictivos.
La clave con pescados es usar una versión más suave de chimichurri. Menos ajo, más perejil, y quizás un toque de ralladura de limón. El sabor delicado del pescado necesita respeto, no una avalancha de ajo.
Ideas creativas que van más allá del asado abundan si te animás a experimentar. El chimichurri funciona como aderezo para ensaladas. Mezclalo con un poco de mayonesa y tenés un dressing increíble para una ensalada de tomate y cebolla.
Usalo como salsa para mojar papas fritas. Suena simple pero es glorioso. Las papas cortadas gruesas, bien crujientes, mojadas en chimichurri frío son una combinación adictiva. Mis sobrinos se pelean por el último pedazo de papa cuando hago esto.
También podés incorporar chimichurri en rellenos de empanadas. Una cucharadita mezclada con la carne picada antes de armar las empanadas les da un sabor único. O untalo en las tapas antes de cerrarlas para que se impregne el sabor durante el horneado.
Los huevos revueltos con una cucharada de chimichurri son el desayuno perfecto después de una noche larga. La acidez del vinagre ayuda a despertar el paladar y el ajo le da ese toque que necesitás para arrancar el día.
El chimichurri también funciona como marinada para vegetales antes de cocinarlos. Dejá rodajas de calabaza o batata en chimichurri por una hora. Después asalas al horno. El resultado es espectacular. Los azúcares naturales de estos vegetales se caramelizan y contrastan perfecto con la acidez de la salsa.
Algunas pizzerías en Buenos Aires han empezado a ofrecer chimichurri como dip para la pizza. Al principio me pareció una herejía. Después lo probé con una pizza de muzzarella bien básica y cambié de opinión. No es para todos los días, pero funciona.
El chimichurri como condimento para sándwiches es más común de lo que pensás. Un sándwich de milanesa con chimichurri en lugar de mayonesa es sublime. O agregale una cucharada a tu hamburguesa casera. El sabor fresco del perejil corta la grasa de la carne picada perfectamente.
También podés mezclarlo con manteca blanda para crear una manteca compuesta. Esa manteca la usás para hacer tostadas gourmet, para terminar un bife, o para darle sabor a un puré de papas. Son esos pequeños detalles que transforman un plato común en algo memorable.
Recomendaciones para servir y presentar el chimichurri pueden parecer un detalle menor, pero hacen la diferencia. Un buen chimichurri merece una buena presentación.
Serví tu chimichurri en recipientes de vidrio o cerámica, nunca en plástico. El plástico absorbe olores y sabores, y le quita elegancia a la presentación. Un bowl de cerámica blanca hace que ese verde intenso del perejil resalte todavía más.
La temperatura ideal para servir es ambiente o apenas fresca. Nunca directo de la heladera porque el aceite está solidificado y no se esparce bien. Sacalo con anticipación y dejalo reposar.
Siempre poné una cuchara exclusiva para el chimichurri. Nada peor que ver a alguien usando el mismo cubierto que usó para la carne. Es antihigiénico y mezcla sabores innecesariamente.
Si estás haciendo un asado para mucha gente, prepará más de un recipiente de chimichurri. Poné uno en cada extremo de la mesa para que todos tengan acceso fácil. La gente se frustra cuando tiene que estar pidiendo que le pasen el chimichurri cada dos minutos.
Para eventos más formales, podés presentar el chimichurri en frasquitos individuales. Esos frascos pequeños de vidrio con tapa dan un toque de distinción. Cada comensal tiene su porción personal y se siente especial.
Un tip visual que aprendí de una chef amiga: decorá el chimichurri con una hojita de perejil fresco arriba justo antes de servir. Es un detalle mínimo pero hace que se vea más apetitoso y fresco.
Si vas a llevar chimichurri a una reunión en otra casa, llevalo en un frasco bien cerrado dentro de una bolsita por las dudas de que se derrame. Y avisale al anfitrión que necesita estar a temperatura ambiente antes de usarse.
La cantidad a preparar es otra duda frecuente. Para un asado de seis a ocho personas, medio litro de chimichurri suele ser suficiente. Pero si tu grupo es fanático de esta salsa, mejor hacé el doble. Nunca vi a nadie quejarse de que sobró chimichurri. Al contrario, es oro líquido en la heladera para los próximos días.
El chimichurri sobrante podés usarlo durante la semana para darle vida a comidas simples. Unas pastas con un chorrito de chimichurri se transforman. Un arroz blanco con chimichurri deja de ser aburrido. Incluso unas lentejas o porotos mejoran con una cucharada de esta magia verde.
Aprovechar al máximo tu chimichurri también significa entender que algunos ingredientes maridan mejor que otros. Las carnes grasas como el vacío o la tira de asado necesitan más chimichurri porque la acidez corta esa grasa. Los cortes magros como el lomo requieren menos cantidad para no tapar su sabor delicado.
Si te interesa explorar más sobre cómo los buenos ingredientes impactan en tu bienestar físico, vale la pena investigar un poco. La calidad de lo que comemos afecta directamente cómo nos sentimos, y el chimichurri hecho con ingredientes frescos y naturales es definitivamente una opción más saludable que muchos aderezos comerciales llenos de conservantes.
Una última idea que me gusta compartir: organizá una tarde de chimichurri con amigos. Cada uno trae su versión y hacen una degustación ciega. Es divertido, genera debate, y siempre terminás descubriendo algún toque especial que no se te había ocurrido. La última vez que lo hice, mi amigo Roberto ganó con una versión que llevaba un toque de menta fresca. Sonaba loco pero funcionaba perfecto.
El mundo del chimichurri es vasto y personal. No tengas miedo de experimentar, de crear tu propia versión, de adaptar recetas tradicionales a tu gusto. Al final del día, la mejor receta de chimichurri es la que a vos más te gusta y la que hace feliz a tu gente cuando se sienta a comer. Si querés seguir explorando más recetas y variaciones, podés encontrar otras salsas y acompañamientos deliciosos que complementan cualquier comida.
El chimichurri no es solo una salsa. Es una expresión de amor, de tradición, de esas tardes de domingo donde el tiempo se detiene alrededor de una parrilla. Es el sabor de nuestra tierra en cada bocado. Ahora que conocés todos sus secretos, solo falta que salgas, consigas buenos ingredientes, y empieces a crear tu propia historia con esta salsa legendaria. Tu asado nunca volverá a ser el mismo.
Preguntas Frecuentes sobre la Salsa Chimichurri
¿Qué lleva la salsa chimichurri?
La salsa chimichurri argentina lleva perejil fresco picado, ajo, aceite de girasol o mezcla con oliva, vinagre de vino, orégano seco, ají molido o pimentón, sal gruesa y agua. Las proporciones varían según cada familia, pero estos son los ingredientes base que nunca pueden faltar. Algunos agregan comino, cilantro u otras especias para personalizar la receta. Lo importante es mantener el equilibrio entre el sabor fresco del perejil y la intensidad del ajo. La calidad de cada ingrediente impacta directamente en el resultado final, así que elegí siempre productos frescos.
¿Se puede congelar la salsa chimichurri?
Sí, podés congelar el chimichurri aunque la textura del perejil se verá afectada después de descongelarlo. La mejor forma es hacerlo en cubetera o en porciones pequeñas que puedas usar de una sola vez. Cuando lo descongeles, revolvé bien porque los ingredientes tienden a separarse. El sabor se mantiene bastante bien por hasta tres meses en el freezer. Personalmente prefiero hacer cantidades pequeñas y tenerlo siempre fresco en la heladera, pero si te sobró mucho después de un asado, congelarlo es mejor que tirarlo.
¿Cuánto tiempo dura la salsa chimichurri en la nevera?
El chimichurri bien conservado en la heladera dura aproximadamente dos semanas. Es fundamental que el frasco esté bien cerrado y que uses siempre cubiertos limpios al servirlo. Si notás cambios en el color, olor extraño o aparición de moho, descartalo inmediatamente. El aceite actúa como conservante natural, por eso es importante que cubra todos los ingredientes. Algunos parrilleros dicen que aguanta hasta un mes, pero yo prefiero hacer lotes más pequeños y frescos. La acidez del vinagre también ayuda a prolongar su vida útil en refrigeración.
¿Es picante la salsa chimichurri?
El chimichurri tradicional argentino no es especialmente picante, tiene un picante suave que viene del ají molido o pimentón. El nivel de picante depende completamente de cuánto ají agregues y qué tipo uses. Podés hacer versiones totalmente suaves usando solo pimentón dulce, o volverlo bien picante agregando cayena o ají picante en escamas. En Argentina, la tendencia es hacia versiones más suaves que toda la familia pueda disfrutar. Lo lindo es que podés ajustar el picante a tu gusto sin arruinar la receta.
¿Puedo agregar otros ingredientes a la receta original?
Absolutamente, el chimichurri admite muchas variaciones sin perder su esencia. Podés agregar cilantro, comino, cebolla de verdeo, jengibre rallado, ralladura de limón o incluso un toque de miel. Muchas familias tienen sus ingredientes secretos que transmiten de generación en generación. Lo importante es mantener el perejil y el ajo como protagonistas. Experimentá en cantidades pequeñas primero para encontrar tu equilibrio perfecto. Las mejores recetas nacen de probar y equivocarse hasta dar con la combinación que te encanta.
¿Qué tipo de perejil es mejor para el chimichurri?
El perejil liso es el más utilizado en Argentina para hacer chimichurri porque tiene un sabor más intenso y se pica más fácilmente. El perejil crespo también funciona pero tiene un sabor más suave y una textura diferente. Lo más importante es que esté fresco, con hojas verdes brillantes y tallos firmes. Evitá el perejil marchito o amarillento porque arruinará el sabor de tu salsa. Si podés conseguir perejil orgánico o de tu propia huerta, el resultado será notablemente superior. El perejil debe estar completamente seco antes de picarlo para evitar que el chimichurri se aguache.
¿El chimichurri sirve solo para carne?
Para nada, aunque la tradición lo asocia principalmente con el asado, el chimichurri es increíblemente versátil. Funciona perfecto con pollo, pescado, mariscos, verduras asadas, papas, huevos, pasta, e incluso como aderezo para ensaladas. También podés usarlo como marinada o mezclarlo con mayonesa para hacer salsas diferentes. Muchos vegetarianos lo usan para darle sabor a proteínas vegetales como el tofu o el seitán. La acidez y frescura del chimichurri mejoran prácticamente cualquier plato que necesite un toque de sabor intenso. Animarte a experimentar más allá del asado puede abrirte un mundo de posibilidades culinarias.
¿Puedo hacer chimichurri sin ajo?
Técnicamente podés hacerlo, pero estarías eliminando uno de los pilares fundamentales de sabor del chimichurri tradicional. El ajo aporta esa profundidad y carácter que define esta salsa. Si tenés problemas para digerir el ajo, probá usar menos cantidad o dejalo macerar con sal antes de agregarlo, eso suaviza su sabor. Otra opción es usar ajo asado que es mucho más suave. Algunas personas usan ajo en polvo pero no es lo mismo. Si definitivamente no podés consumir ajo por alguna razón de salud, podés hacer una versión solo con perejil, pero ya no sería el chimichurri clásico argentino.
¿Qué diferencia hay entre chimichurri y salsa criolla?
Son dos preparaciones completamente diferentes aunque ambas acompañan el asado argentino. El chimichurri es una salsa líquida a base de aceite, perejil y ajo con consistencia fluida. La salsa criolla es una ensalada fresca de tomate, cebolla y morrón cortados en cubitos con un poco de aceite y vinagre. El chimichurri se prepara con anticipación y mejora con el reposo, mientras que la salsa criolla se hace fresca y se consume en el momento. Ambas son deliciosas y complementarias, muchos asados argentinos incluyen las dos opciones en la mesa. Cada una tiene su función: el chimichurri para la carne y la criolla para refrescar el paladar.
¿Por qué mi chimichurri quedó amargo?
El amargor en el chimichurri generalmente viene de usar los tallos gruesos del perejil o del brote verde que crece en el centro de los dientes de ajo. También puede amargar si usaste demasiado orégano o si el aceite estaba rancio. Asegurate de remover los tallos leñosos del perejil y usar solo las hojas y tallos tiernos. Quitá siempre el brote verde del ajo antes de picarlo. Si ya te quedó amargo, intentá agregar un poco más de aceite y vinagre para diluir ese sabor. La próxima vez, probá cada ingrediente por separado antes de mezclarlo todo para identificar de dónde viene el problema.
Espero que este recorrido completo por el mundo del chimichurri te haya dado todas las herramientas para crear tu propia versión perfecta de esta salsa legendaria. Recordá que cada chimichurri es único porque refleja la mano y el corazón de quien lo prepara. No tengas miedo de equivocarte, probá diferentes combinaciones, ajustá a tu gusto, y sobre todo, disfrutá del proceso tanto como del resultado.

Equipo
- Cuchillo
- Tabla de cortar
- Bowl
- Frasco de vidrio con tapa
- Cucharas de medición
Ingredientes
- 1 taza perejil fresco picado finamente
- 4-6 dientes ajo picados bien picados o triturados
- 2 tazas aceite preferentemente de girasol, o mezcla con oliva
- 0.5 tazas vinagre de vino tinto o blanco
- 1-2 cucharadas orégano seco
- 1-2 cucharadas ají molido o pimentón
- 2 cucharadas sal gruesa
- 0.25 tazas agua para ajustar la consistencia
Instrucciones
- Lava bien el perejil y sécalo completamente.
- Pica el perejil finamente, quitando los tallos más gruesos.
- Pela los dientes de ajo, quita el brote verde del centro y pícalos muy finos mezclándolos con sal gruesa.
- En un bowl, combina el perejil, el ajo, el orégano, el ají molido o pimentón y mezcla bien.
- Transfiere la mezcla al frasco de vidrio y agrega el aceite poco a poco mientras mezclas.
- Incorpora el vinagre y el agua, revolviendo bien para integrar todos los ingredientes.
- Prueba y ajusta la sal y acidez según tu gusto.
- Deja reposar en la heladera por al menos cuatro horas, preferentemente toda la noche antes de usar.
- ¡Disfruta tu chimichurri en tu asado!