La semana pasada mi vecina Carmen me trajo tres calabacines enormes de su huerto. Me miró con esa sonrisa cómplice y me dijo: «Haz una tortilla, ya verás qué maravilla». Y tenía toda la razón. Desde entonces, la tortilla de calabacín y hierbas se ha convertido en mi salvación para las cenas rápidas entre semana.
Esta receta es mucho más que un simple plato de emergencia. Es una comida completa, nutritiva y tan versátil que nunca te cansarás de ella. Puedes comerla caliente recién hecha o fría al día siguiente. Sirve para un almuerzo ligero, una cena saludable o incluso para llevar al trabajo en un táper.
La tortilla de calabacín y hierbas aporta proteínas de calidad gracias a los huevos, vitaminas del calabacín y un toque aromático increíble con las hierbas frescas. Es baja en calorías pero te deja satisfecho durante horas. Además, es perfecta para quienes buscan comer más verduras sin complicarse la vida en la cocina.
El calabacín tiene propiedades antiinflamatorias y ayuda a regular el tránsito intestinal por su alto contenido en fibra. También es rico en potasio, lo que beneficia a tu corazón y ayuda a controlar la presión arterial. ¿Qué enfermedades previene el calabacín? Estudios indican que su consumo regular puede reducir el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer gracias a sus antioxidantes.
Lo mejor de todo es que esta tortilla se prepara en menos de 20 minutos. No necesitas ser un chef profesional ni tener ingredientes raros. Solo huevos, un par de calabacines, hierbas aromáticas y ganas de comer bien.
Ingredientes necesarios para la tortilla de calabacín y hierbas
La simplicidad es la clave de esta receta. Con pocos ingredientes consigues un resultado espectacular. Aquí te cuento exactamente qué necesitas y por qué cada elemento es importante.
Ingredientes básicos:
- 4 huevos grandes (preferiblemente camperos o ecológicos)
- 2 calabacines medianos (unos 400 gramos en total)
- 1 cebolla pequeña o media cebolleta
- 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- Sal al gusto
- Pimienta negra recién molida
- Un puñado generoso de hierbas frescas
Los huevos son el alma de cualquier tortilla. Elige huevos frescos de buena calidad porque marcan la diferencia en sabor y textura. La yema debe ser de un color amarillo intenso, casi anaranjado. Cuando los batas, verás que quedan más cremosos.
El calabacín es tu protagonista vegetal. No necesitas cantidades exactas. Si te sobra medio calabacín en la nevera, úsalo. Si tienes tres pequeños, también sirve. La tortilla es flexible y perdona estos ajustes.
¿Qué hierbas combinan bien en una tortilla? Esta es una pregunta que me hacen constantemente. La respuesta depende de tu gusto personal, pero hay combinaciones que funcionan a la perfección:
- Perejil fresco: Es el clásico que nunca falla. Aporta frescura sin dominar los otros sabores. Pica un buen puñado y añádelo a los huevos batidos.
- Cebollino: Tiene un toque suave a cebolla que complementa maravillosamente el calabacín. Córtalo con tijeras directamente sobre el bol.
- Albahaca: Si quieres un aire mediterráneo, la albahaca es tu aliada. Combina especialmente bien si añades un poco de queso rallado.
- Menta: Puede parecer raro pero funciona. Usa poca cantidad porque tiene sabor intenso. Da un toque refrescante inesperado.
- Orégano fresco: Mucho más suave que el seco. Le da un carácter ligeramente italiano a tu tortilla.
- Cilantro: Solo si te gusta, porque divide opiniones. Aporta un sabor único y exótico.
Mi combinación favorita es perejil con cebollino, más un toquito de albahaca. Pero he probado todas y cada una tiene su encanto. Lo importante es usar hierbas frescas, no secas. Las secas no aportan la misma viveza ni aroma.
Puedes mezclar dos o tres hierbas diferentes. No tengas miedo de experimentar. La tortilla de calabacín y hierbas admite creatividad. Anota mentalmente qué combinación te gusta más para repetirla.
Consejos para elegir el calabacín perfecto:
No todos los calabacines son iguales. En el mercado encontrarás tamaños y colores variados. Los mejores para tortilla son los medianos, de unos 20 centímetros de largo. Los calabacines gigantes suelen tener más agua y semillas grandes que no quedan bien en la tortilla.
Busca calabacines firmes al tacto, sin manchas blandas ni arrugas. La piel debe brillar ligeramente. Si al presionar con el dedo se hunde, déjalo donde está. Eso indica que está pasado y tendrá textura esponjosa.
El color puede ser verde oscuro o claro, incluso hay variedades amarillas. Todos valen para la tortilla. Lo que importa es la firmeza y frescura.
¿Qué es mejor comer el calabacín, con piel o sin piel? Esta duda surge siempre. Te cuento mi experiencia después de hacer esta tortilla decenas de veces.
La piel del calabacín contiene mucha fibra y nutrientes. Dejarla es la opción más saludable y además ahorra tiempo de preparación. Si el calabacín es joven y fresco, su piel es tierna y apenas se nota al comer.
Sin embargo, hay casos donde conviene pelarlos:
- Cuando el calabacín es muy grande y su piel está dura
- Si has comprado calabacines que no son ecológicos y prefieres evitar posibles restos de pesticidas
- Cuando cocinas para niños pequeños que rechazan texturas diferentes
- Si el calabacín tiene manchas o la piel está dañada en algunas zonas
En mi caso, lavo bien los calabacines con agua y un cepillo suave. Luego los corto con piel. El resultado es una tortilla con puntitos verdes que queda bonita y nutritiva. La textura no cambia porque al cocinar el calabacín se ablanda completamente.
Si decides pelarlos, hazlo con un pelador de verduras en tiras finas. No uses cuchillo porque desperdiciarás mucha carne del calabacín.
¿El calabacín queda bien en una tortilla? Absolutamente sí. El calabacín tiene una textura suave que se integra perfectamente con el huevo. No aporta sabor fuerte, así que no compite con las hierbas aromáticas. Además, suelta algo de agua al cocinarse que mantiene la tortilla jugosa por dentro.
Hay quien piensa que el calabacín puede hacer la tortilla demasiado húmeda. El truco está en saltearlo previamente hasta que pierda parte de su agua. Nunca lo eches crudo directamente a los huevos batidos. Siempre debe cocinarse antes unos minutos en la sartén.
Otra ventaja del calabacín es que absorbe los sabores de las hierbas y el aceite de oliva. Se convierte en una esponja aromática que enriquece cada bocado de tu tortilla de calabacín y hierbas.
Algunos prefieren rallar el calabacín en vez de cortarlo en rodajas o dados. Ambas opciones funcionan. El rallado se cocina más rápido y queda más integrado. Los dados o medias lunas dan más presencia visual y una textura con mordida.
Yo alterno según mi humor del día. Cuando tengo prisa, lo rallo. Cuando quiero una presentación más vistosa, lo corto en medias lunas finas de medio centímetro.
Preparación paso a paso de la tortilla de calabacín y hierbas
Ahora que tienes todos los ingredientes listos sobre la encimera, vamos con la parte divertida: cocinar. Te prometo que este proceso es más sencillo de lo que parece, incluso si nunca has hecho una tortilla en tu vida.
Paso 1: Preparar el calabacín
Primero lava bien los calabacines bajo el grifo. Yo uso un cepillo de verduras porque me gusta eliminar cualquier resto de tierra. Sécalos con un paño limpio y córtales los extremos.
Aquí viene tu primera decisión importante: ¿cómo cortarlos? Si los vas a rallar, usa el lado grueso del rallador. Coloca un bol debajo para recoger todo. Si prefieres rodajas, córtalas finitas, de unos 3-4 milímetros. También puedes hacer medias lunas si los calabacines son gorditos. La clave está en que todos los trozos tengan grosor similar para que se cocinen uniformemente.
Una vez cortados, espolvorea un poquito de sal sobre ellos y déjalos reposar en un colador durante 5 minutos. Este truco me lo enseñó mi suegra y funciona de maravilla. La sal extrae el exceso de agua del calabacín, evitando que la tortilla quede aguada. Después del reposo, presiona suavemente con las manos para escurrir el líquido que haya soltado.
Paso 2: Picar las hierbas aromáticas
Mientras el calabacín suelta agua, aprovecha para preparar las hierbas. Lávalas bien y sécalas con papel de cocina. Las hierbas húmedas no se pican bien y pueden oxidarse más rápido.
Separa las hojas de los tallos más duros. El perejil admite tallos finos, pero el cebollino y la albahaca solo las hojas tiernas. Haz un montoncito y pícalas con un cuchillo bien afilado. No uses tabla de plástico vieja porque absorbe olores. Una de madera o una nueva de plástico va mejor.
La cantidad de hierbas depende de tu gusto. Yo uso aproximadamente tres cucharadas colmadas de hierbas picadas en total. Si te gustan los sabores intensos, pon más. Recuerda que siempre puedes añadir pero no quitar.
Paso 3: Sofreír el calabacín
Calienta dos cucharadas de aceite de oliva en una sartén amplia a fuego medio-alto. ¿Qué tamaño de sartén? Yo uso una de 24 centímetros de diámetro. Si la tuya es más pequeña, ajusta las cantidades o la tortilla quedará demasiado gruesa.
Cuando el aceite esté caliente pero sin humear, echa el calabacín escurrido. Añade también la cebolla picada fina si la vas a usar. Remueve con una espátula de madera durante 5-7 minutos. El calabacín debe ablandarse y coger un ligero color dorado en los bordes.
Este paso es crucial. Muchas personas se saltan el sofrito y echan el calabacín crudo directamente a los huevos. Gran error. El calabacín necesita perder agua y concentrar su sabor. Además, al cocinarlo previamente se vuelve dulce y aromático.
Una vez sofrito, retira la sartén del fuego y deja que el calabacín se temple un par de minutos. Si lo mezclas inmediatamente con los huevos batidos, el calor podría cuajarlos parcialmente y conseguirías grumos.
Paso 4: Batir los huevos con las hierbas
Casca los cuatro huevos en un bol amplio. Añade una pizca de sal y otra de pimienta negra recién molida. Bátelos enérgicamente con un tenedor o varillas durante 30 segundos. Deben quedar bien mezclados, con la yema y la clara completamente integradas.
Incorpora las hierbas picadas a los huevos batidos. Mezcla bien para que se distribuyan uniformemente. Este momento huele tan bien que a veces me dan ganas de beberme la mezcla cruda. Obviamente no lo hago, pero el aroma es increíble.
Ahora añade el calabacín templado al bol de los huevos. Remueve con suavidad pero asegurándote de que cada trozo de calabacín quede envuelto en huevo. La mezcla debe verse jugosa, con los vegetales flotando en el líquido dorado.
Paso 5: Cocinar la tortilla
Limpia la sartén con papel de cocina si tiene restos quemados. Pon la última cucharada de aceite y caliéntalo a fuego medio. Inclina la sartén para que el aceite cubra bien toda la base y también los laterales.
Vierte la mezcla de huevo, calabacín y hierbas en la sartén caliente. Escucharás un chisporroteo suave. Baja inmediatamente el fuego a medio-bajo. Aquí está el secreto de una buena tortilla: paciencia y fuego suave.
Con una espátula de silicona, despega suavemente los bordes que van cuajando y deja que el huevo líquido del centro fluya hacia los lados. Hazlo varias veces durante los primeros dos minutos. Este gesto evita que se pegue y ayuda a que cuaje uniformemente.
Cocina durante 4-5 minutos sin tocar. Verás cómo los bordes se secan y el centro sigue ligeramente líquido. La superficie superior debe estar casi cuajada pero aún brillante.
Paso 6: Darle la vuelta
Momento de la verdad. Darle la vuelta a una tortilla intimida a mucha gente, pero con el método correcto es facilísimo. Yo uso un plato llano más grande que la sartén.
Coloca el plato boca abajo sobre la sartén. Con una mano sujeta el plato y con la otra el mango de la sartén. En un movimiento rápido pero controlado, dale la vuelta a todo el conjunto. La tortilla quedará en el plato con la parte cocida arriba.
Desliza la tortilla de vuelta a la sartén para cocinar el otro lado. Ayúdate con la espátula para que entre entera y no se doble. Cocina otros 3-4 minutos a fuego suave.
¿Prefieres la tortilla jugosa o bien cuajada? Esto es como el punto de la carne, cada persona tiene sus gustos. A mí me encanta jugosita en el centro, así que la retiro cuando aún tiene ese punto ligeramente cremoso. Si te gusta más seca, déjala dos minutos más por cada lado.
Paso 7: Emplastar y servir
Desliza la tortilla a un plato de servir. Déjala reposar un minuto antes de cortar. Este reposo permite que los jugos se redistribuyan y la textura mejore.
Córtala en porciones como si fuera una tarta. Yo suelo hacer 6 u 8 triángulos según el apetito. Puedes decorar con una ramita de la hierba que hayas usado o simplemente servirla tal cual.
Tips para conseguir la textura perfecta:
La textura ideal combina bordes ligeramente crujientes con un interior cremoso. Para lograrlo, el fuego es tu aliado o tu enemigo. Fuego muy alto y tendrás bordes quemados con centro crudo. Fuego demasiado bajo y la tortilla quedará gomosa y sin color.
El punto medio-bajo es perfecto. Si tienes cocina de gas, la llama debe tocar apenas el fondo de la sartén. En vitrocerámica o inducción, usa potencia 4 o 5 de 9.
La sartén antiadherente en buen estado es fundamental. Si tu sartén tiene arañazos profundos, la tortilla se pegará por mucho aceite que uses. Invierte en una buena sartén y trátala bien. Nunca uses estropajos metálicos para limpiarla.
Otro truco para textura premium: añade una cucharada de nata líquida o leche a los huevos batidos. Este ingrediente extra hace la tortilla más esponjosa y cremosa. No es imprescindible, pero marca diferencia. Si preparas huevos al horno con tomate y queso, también funciona este consejo.
Variaciones y ajustes de la receta
La receta base que acabas de aprender admite mil variaciones. Aquí es donde puedes dar rienda suelta a tu creatividad culinaria.
Versión baja en calorías:
Si estás cuidando las calorías, usa solo 2 huevos enteros y 4 claras adicionales. Las claras aportan proteína sin grasa. La tortilla quedará más alta y esponjosa, aunque algo menos sabrosa. Reduce también el aceite a una cucharada y media. Usa sartén antiadherente de calidad para compensar.
Puedes añadir más calabacín y menos huevo. La proporción puede ser 3 huevos para 500 gramos de calabacín. Aumenta ligeramente el tiempo de cocción porque tendrá más volumen.
Adaptación vegetariana:
La receta básica ya es vegetariana, pero puedes enriquecerla con queso. Añade 50 gramos de queso rallado a los huevos batidos. El queso de cabra desmenuzado también funciona de maravilla con las hierbas frescas.
Otra opción es incorporar pimientos rojos asados en tiras. Los compro ya hechos en tarro para no complicarme. Dos o tres tiras cortadas en cuadraditos aportan dulzor y color.
Opción vegana:
Sustituir el huevo en una tortilla parece imposible, pero existen alternativas. La harina de garbanzo mezclada con agua crea una base similar al huevo batido. Usa 150 gramos de harina de garbanzo, 250 ml de agua, una pizca de cúrcuma para el color y sal negra (kala namak) que da sabor a huevo.
Mezcla bien hasta eliminar grumos. Añade el calabacín sofrito y las hierbas. Cocina igual que la versión tradicional, pero ten paciencia porque tarda más en cuajar. El resultado no es idéntico pero está riquísimo y sorprende.
Ingredientes adicionales que complementan:
He probado añadir tomates cherry cortados por la mitad. Quedan jugosos y aportan acidez que contrasta con la suavidad del calabacín. Si te gusta esta combinación, también te encantarán los huevos pochados sobre espinacas.
Los champiñones fileteados y salteados junto al calabacín suman sabor umami. Si eres fan de los champiñones, deberías probar también una tortilla de champiñones en su versión clásica.
Un puñado de espinacas frescas picadas añade hierro y color intenso. Las aceitunas negras en rodajas dan toque mediterráneo salado. Jamón serrano en taquitos convierte la tortilla en un plato más contundente. De hecho, si te gusta esta idea, existe una receta específica de tortilla rellena de jamón y queso que te va a fascinar.
Los piñones tostados esparcidos sobre la mezcla antes de cocinar aportan crujiente y grasa saludable. Las pasas sultanas dan un contraste dulce inesperado que funciona especialmente bien con la menta fresca.
Para un toque picante, añade un chile rojo pequeño sin semillas, picado muy fino. O simplemente espolvorea pimentón de la Vera sobre la tortilla ya cocinada.
La tortilla de calabacín y hierbas es como un lienzo en blanco. Los ingredientes base son siempre los mismos, pero los toques personales hacen que cada versión sea única. No tengas miedo de experimentar con lo que tengas en la nevera.
Beneficios nutricionales del calabacín en tu dieta
Más allá del sabor y la versatilidad en la cocina, el calabacín esconde un tesoro nutricional que muchas veces pasa desapercibido. Cuando lo incorporas regularmente en recetas como la tortilla de calabacín y hierbas, estás haciendo mucho más que disfrutar de un plato rico.
El calabacín es una hortaliza con perfil nutricional excepcional pero bajo en calorías. Una taza de calabacín crudo contiene apenas 20 calorías. Sí, has leído bien. Veinte. Esto lo convierte en el mejor amigo de quienes buscan mantener un peso saludable sin pasar hambre.
Pero no te dejes engañar por sus pocas calorías. Este vegetal está repleto de vitaminas y minerales esenciales. Destaca especialmente por su contenido en vitamina C, que fortalece el sistema inmunológico y ayuda a la producción de colágeno. Una porción generosa cubre aproximadamente el 35% de tus necesidades diarias de esta vitamina.
También aporta vitaminas del grupo B, particularmente B6 y ácido fólico. La B6 es fundamental para el metabolismo de las proteínas y la formación de glóbulos rojos. El ácido fólico resulta especialmente importante para mujeres embarazadas o que planean estarlo, porque previene defectos del tubo neural en el feto.
En cuanto a minerales, el calabacín brilla por su potasio. Este mineral regula la presión arterial y contrarresta los efectos negativos del sodio. Si comes mucha sal procesada en tu dieta, el potasio del calabacín te ayuda a equilibrar. También contiene manganeso, magnesio y pequeñas cantidades de hierro y calcio.
¿Qué enfermedades previene el calabacín? Esta pregunta me la hizo mi primo Luis cuando le diagnosticaron prediabetes. Le conté todo lo que había investigado y desde entonces come calabacín varias veces por semana.
El calabacín tiene propiedades que pueden ayudar a prevenir o controlar varias condiciones de salud. Su alto contenido en fibra soluble ayuda a regular los niveles de glucosa en sangre. Esto es especialmente beneficioso para personas con diabetes tipo 2 o en riesgo de desarrollarla. La fibra ralentiza la absorción de azúcares y evita picos bruscos de glucemia después de comer.
Las enfermedades cardiovasculares también encuentran un enemigo en el calabacín. Su potasio ayuda a mantener la presión arterial en rangos saludables. Los antioxidantes presentes, como la luteína y la zeaxantina, combaten la inflamación crónica que daña las arterias. Además, su fibra soluble contribuye a reducir el colesterol LDL, el llamado colesterol malo.
Estudios recientes sugieren que el consumo regular de calabacín podría reducir el riesgo de ciertos tipos de cáncer, especialmente los relacionados con el sistema digestivo. Los compuestos antioxidantes neutralizan los radicales libres que dañan el ADN celular. La fibra también mejora la salud intestinal, favoreciendo el tránsito y reduciendo el tiempo que sustancias potencialmente dañinas permanecen en contacto con las paredes del colon.
Para quienes sufren problemas digestivos como estreñimiento o síndrome de intestino irritable, el calabacín resulta un aliado suave pero efectivo. Su alto contenido de agua (más del 95%) combinado con fibra facilita el tránsito intestinal sin resultar agresivo para el sistema digestivo.
La salud ocular también se beneficia del calabacín gracias a los carotenoides que contiene. Luteína y zeaxantina se concentran en la retina y protegen contra la degeneración macular relacionada con la edad y las cataratas. Mi abuela siempre decía que las zanahorias eran buenas para la vista, pero nunca supo que el calabacín también lo es.
El calabacín tiene propiedades antiinflamatorias naturales. Esto ayuda a personas con artritis, dolores articulares o inflamación crónica. No es una cura mágica, pero incorporado en una dieta equilibrada marca diferencia notable.
Tabla nutricional del calabacín por cada 100 gramos:
| Nutriente | Cantidad | Beneficio principal |
|---|---|---|
| Calorías | 17 kcal | Bajo aporte calórico ideal para control de peso |
| Agua | 95 g | Hidratación y sensación de saciedad |
| Fibra | 1 g | Salud digestiva y control glucémico |
| Vitamina C | 18 mg | Sistema inmune y producción de colágeno |
| Potasio | 261 mg | Regulación de presión arterial |
| Vitamina B6 | 0,2 mg | Metabolismo energético y función cerebral |
| Folato | 24 mcg | Formación de células y desarrollo fetal |
Los antioxidantes del calabacín merecen mención especial. Contiene carotenoides, flavonoides y otros compuestos vegetales que actúan como escudo protector contra el estrés oxidativo. El estrés oxidativo acelera el envejecimiento celular y contribuye a numerosas enfermedades crónicas.
Una característica fascinante del calabacín es que mantiene la mayoría de sus nutrientes incluso después de cocinarlo. A diferencia de otras verduras que pierden vitaminas con el calor, el calabacín es bastante resistente. Esto significa que tu tortilla de calabacín y hierbas conserva prácticamente todas las propiedades beneficiosas del vegetal crudo.
¿Por qué el calabacín queda bien en una tortilla? Desde el punto de vista nutricional, es una combinación perfecta. Los huevos aportan proteínas completas de alto valor biológico, grasas saludables y vitaminas liposolubles como la D y la E. El calabacín suma fibra, vitaminas hidrosolubles y minerales que los huevos no tienen en cantidad significativa.
Esta complementariedad crea un plato nutricionalmente equilibrado. Tienes proteína para mantener la masa muscular y la saciedad. Tienes fibra para la salud digestiva. Vitaminas tanto solubles en agua como en grasa. Minerales esenciales. Y todo ello con un aporte calórico moderado que no te hará sentir pesado.
La textura del calabacín también juega a favor. Al cocinarse se vuelve suave y se integra perfectamente con el huevo cuajado. No compite en textura ni sabor, sino que armoniza. Esta característica lo hace ideal para personas que quieren comer más verduras pero no les gusta sentir trozos grandes o texturas fibrosas en su plato.
Además, el calabacín tiene sabor muy suave, casi neutro. Esto permite que las hierbas aromáticas brillen sin interferencias. Si usaras una verdura de sabor fuerte como el brócoli o la col, dominaría sobre las delicadas notas herbales. El calabacín permanece en segundo plano, aportando su valor nutricional sin protagonismo gustativo.
Para quienes siguen dietas específicas, el calabacín es maravillosamente versátil. Es bajo en carbohidratos, lo que lo hace perfecto para dietas cetogénicas o bajas en hidratos. No contiene gluten, así que celíacos pueden comerlo sin problemas. Es naturalmente libre de lactosa y apto para veganos en otras preparaciones.
Si estás pensando en mejorar tus hábitos alimenticios de forma general, incluir más calabacín en tu rotación semanal es una decisión inteligente. Combina bien en ensaladas, salteados, al horno, relleno o en cremas. La planificación alimentaria semanal se vuelve más fácil cuando tienes ingredientes versátiles como este que funcionan en múltiples recetas.
Una advertencia importante: aunque el calabacín es generalmente seguro y beneficioso, las personas que toman medicamentos para la presión arterial deben consultar con su médico antes de aumentar drásticamente su consumo. El potasio, aunque beneficioso, puede interactuar con ciertos medicamentos.
El calabacín crudo en ensaladas conserva aún más nutrientes que el cocinado, pero muchas personas lo digieren mejor cuando está ligeramente cocido. Escucha a tu cuerpo. Si el calabacín crudo te produce gases o hinchazón, cocínalo siempre aunque pierdas algún nutriente mínimo.
Desde que descubrí todos estos beneficios, veo el calabacín con otros ojos. Ya no es solo esa verdura verde que rellenaba espacio en el plato. Es un superalimento humilde que no presume pero cumple. Y cuando lo combinas con huevos frescos y hierbas aromáticas en una tortilla, estás creando un plato que nutre tanto el cuerpo como el alma.
Si quieres explorar más opciones deliciosas con huevos y verduras, te recomiendo visitar nuestra sección completa de recetas de huevos y tortillas donde encontrarás inspiración para cada día de la semana sin repetir nunca el mismo plato.
La próxima vez que te encuentres un calabacín en la nevera, no lo veas como un ingrediente de relleno. Piensa en todas las vitaminas, minerales y antioxidantes que estás a punto de disfrutar. Prepara esa tortilla de calabacín y hierbas sabiendo que cada bocado te acerca un poquito más a una salud óptima. Y lo mejor de todo es que está tan rica que ni siquiera parecerá que estás comiendo sano.
Ahora ya sabes exactamente qué hace el calabacín por tu cuerpo, por qué funciona tan bien en una tortilla y cómo preparar esta receta de principio a fin. Solo te queda una cosa: ponerte el delantal, sacar los ingredientes y lanzarte a cocinar. Te garantizo que después de la primera vez, esta tortilla entrará en tu repertorio habitual de recetas favoritas. Es demasiado fácil, rica y saludable como para prepararla solo una vez. ¡Que aproveche!
Preguntas frecuentes sobre la tortilla de calabacín y hierbas
¿Qué hierbas combinan bien en una tortilla?
Las mejores hierbas para tortilla son perejil, cebollino, albahaca fresca, menta en poca cantidad, orégano fresco y cilantro si te gusta su sabor. El perejil y el cebollino forman la combinación clásica que nunca falla. Puedes mezclar dos o tres hierbas diferentes para crear perfiles de sabor más complejos. Siempre usa hierbas frescas en lugar de secas porque aportan mucho más aroma y color. La cantidad recomendada es aproximadamente tres cucharadas colmadas de hierbas picadas para cuatro huevos.
¿Qué es mejor comer el calabacín, con piel o sin piel?
Es mejor comer el calabacín con piel porque ahí se concentra gran parte de la fibra y nutrientes. La piel de calabacines jóvenes y frescos es tierna y apenas se nota al comer. Solo conviene pelarlo si es muy grande y la piel está dura, si no es ecológico y te preocupan los pesticidas, o si cocinas para niños pequeños sensibles a texturas. Lava bien el calabacín con un cepillo de verduras antes de usarlo. En la tortilla, el calabacín con piel aporta puntitos verdes bonitos y mayor valor nutricional sin cambiar la textura final del plato.
¿El calabacín queda bien en una tortilla?
Absolutamente sí, el calabacín queda perfecto en una tortilla. Su textura suave se integra maravillosamente con el huevo cuajado sin competir en sabor. El calabacín aporta jugosidad que mantiene la tortilla cremosa por dentro sin hacerla aguada si lo preparas correctamente. Su sabor neutro permite que las hierbas aromáticas destaquen sin interferencias. Además, complementa nutricionalmente a los huevos aportando fibra, vitaminas y minerales que estos no tienen en cantidad significativa. El truco está en sofreírlo previamente para que pierda parte de su agua antes de mezclarlo con los huevos batidos.
¿Qué enfermedades previene el calabacín?
El calabacín ayuda a prevenir diabetes tipo 2 gracias a su fibra que regula los niveles de glucosa en sangre. También reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares por su alto contenido en potasio que controla la presión arterial. Sus antioxidantes pueden ayudar a prevenir ciertos tipos de cáncer, especialmente del sistema digestivo. Contribuye a evitar problemas digestivos como el estreñimiento gracias a su fibra y alto contenido de agua. Las propiedades antiinflamatorias del calabacín benefician a personas con artritis o inflamación crónica. No es una cura mágica pero incorporado regularmente en la dieta marca diferencia notable en la salud general.
¿Cuánto tiempo dura la tortilla de calabacín en la nevera?
La tortilla de calabacín se conserva bien en la nevera durante 3-4 días guardada en un recipiente hermético. Déjala enfriar completamente antes de taparla para evitar condensación que la haría aguada. Puedes comerla fría directamente de la nevera o calentarla en sartén, microondas o tostadora. El microondas es rápido pero puede resecarla un poco, así que caliéntala a potencia media durante 30-40 segundos. La sartén recupera mejor la textura original, calentándola a fuego suave durante 2-3 minutos por lado. No recomiendo congelarla porque el calabacín tiende a soltar mucha agua al descongelarse y la textura se deteriora bastante.
¿Puedo preparar la tortilla con antelación?
Sí, puedes preparar la tortilla de calabacín hasta con un día de antelación. De hecho, muchas personas encuentran que está aún más sabrosa al día siguiente porque los sabores han tenido tiempo de integrarse. Es perfecta para llevar al trabajo en un táper o preparar la cena de mañana hoy mismo. Si planeas comerla fría, está lista para servir directamente. Para eventos o comidas especiales, prepárala la mañana del mismo día y déjala a temperatura ambiente. Incluso puedes preparar el calabacín sofrito y los huevos batidos por separado unas horas antes, guardándolos en la nevera, y juntarlos para cocinar en el último momento. Esta flexibilidad la convierte en una receta ideal para personas ocupadas.
¿Qué hago si la tortilla me queda muy aguada?
Si tu tortilla queda aguada, probablemente no hayas eliminado suficiente agua del calabacín antes de cocinarlo. La próxima vez, ralla o corta el calabacín, espolvorea sal, déjalo reposar 5-10 minutos y escurre bien presionando con las manos. Además, sofríe el calabacín hasta que pierda bastante líquido antes de mezclarlo con los huevos. Si ya está hecha y quedó aguada, puedes escurrir el exceso de líquido inclinando la sartén antes del último volteo. También ayuda cocinarla a fuego algo más alto durante el último minuto para evaporar humedad. Para casos extremos, sirve la tortilla sobre papel absorbente que recoja el exceso de líquido antes de emplatarla.
¿Puedo hacer esta receta sin cebolla?
Por supuesto, la cebolla es opcional en esta receta. Muchas personas evitan la cebolla por digestiones sensibles o simplemente porque no les gusta su sabor. La tortilla quedará igualmente deliciosa solo con calabacín, huevos y hierbas aromáticas. Si eliminas la cebolla pero quieres un toque aromático adicional, aumenta la cantidad de cebollino fresco que tiene sabor suave a cebolla sin resultar pesado. También puedes añadir un diente de ajo muy picadito al sofrito del calabacín para dar profundidad de sabor. El ajo aporta ese fondo aromático que complementa las hierbas sin dominar el plato como haría la cebolla cruda o poco hecha.
¿Es mejor rallar o cortar el calabacín en trozos?
Ambas opciones funcionan perfectamente y la elección depende de tu preferencia personal. El calabacín rallado se cocina más rápido y queda completamente integrado en la tortilla, ideal si tienes prisa o cocinas para niños que rechazan trozos visibles de verdura. Los trozos cortados en medias lunas o dados ofrecen mejor presentación visual y una textura con más mordida. Yo alterno según mi estado de ánimo: rallo cuando tengo prisa y corto cuando quiero una tortilla más vistosa. Si rallas, usa el lado grueso del rallador y escurre muy bien porque suelta más agua. Si cortas, hazlo en láminas finas de 3-4 milímetros para que se cocinen uniformemente y queden tiernas.
¿Puedo sustituir el calabacín por otra verdura?
Sí, puedes adaptar esta receta usando otras verduras si no tienes calabacín a mano. Los pimientos rojos o verdes funcionan muy bien, aunque cambian bastante el sabor final. Los espárragos verdes cortados en trocitos crean una tortilla elegante y deliciosa. Las espinacas frescas picadas son otra opción nutritiva que queda cremosa. Los champiñones fileteados aportan sabor umami intenso. Las berenjenas en dados pequeños también funcionan si las sofríes bien primero. Incluso puedes combinar varias verduras en la misma tortilla. La técnica de preparación es la misma: sofríe siempre la verdura antes de mezclarla con los huevos batidos para evitar exceso de humedad.

Equipo
- Sartén antiadherente
- Cuchillo
- Espátula de madera o silicona
- Bol grande
- Rallador
Ingredientes
- 4 unidades huevos grandes preferiblemente camperos o ecológicos
- 400 g calabacines medianos
- 1 unidad cebolla pequeña o media cebolleta
- 3 cucharadas aceite de oliva virgen extra
- q.s. sal al gusto
- q.s. pimienta negra recién molida
- 1 puñado hierbas frescas como perejil, cebollino, albahaca, menta, orégano o cilantro
Instrucciones
- Lava bien los calabacines y corta los extremos.
- Ralla los calabacines o córtalos en rodajas finitas y déjalos reposar con sal en un colador durante 5 minutos.
- Lava y pica las hierbas aromáticas.
- Calienta dos cucharadas de aceite en una sartén y sofríe los calabacines y la cebolla picada durante 5-7 minutos.
- Deja que el calabacín se temple durante un par de minutos.
- Bate los huevos con sal y pimienta en un bol grande.
- Incorpora las hierbas picadas y mezcla bien.
- Añade el calabacín templado a la mezcla de huevos y remueve suavemente.
- En una sartén con una cucharada de aceite caliente, vierte la mezcla de huevo y calabacín.
- Cocina a fuego medio-bajo y despega los bordes con una espátula.
- Cocina durante 4-5 minutos hasta que los bordes estén cuajados.
- Dale la vuelta a la tortilla usando un plato y cocina el otro lado durante 3-4 minutos.
- Desliza la tortilla a un plato y deja reposar un minuto antes de cortar.