El otro día estaba en casa sin muchas ganas de cocinar algo complicado. Abrí la nevera, vi un manojo de albahaca fresca que había comprado en el mercado y pensé: «¡perfecto para un pesto!». En menos de veinte minutos tenía lista una pasta con pesto casero que sabía a gloria. Mi familia no paraba de repetir plato.
La pasta con pesto casero es uno de esos platos que nunca falla. Es rápida de preparar, tiene un sabor increíble y puedes adaptarla a tu gusto. No necesitas ser un chef experto ni tener ingredientes raros. Con unas pocas cosas básicas puedes crear una comida que parece salida de un restaurante italiano.
Lo mejor de todo es que el pesto casero no tiene nada que ver con las versiones compradas en el supermercado. Cuando lo pruebas fresco, con ingredientes de calidad, entiendes por qué esta salsa verde se ha convertido en un clásico de la cocina mediterránea. El aroma de la albahaca recién picada mezclada con ajo y queso parmesano es algo que te hace agua la boca.
En este artículo voy a compartir contigo todo lo que he aprendido sobre cómo preparar una pasta con pesto casero que te salga perfecta cada vez. Desde los ingredientes que debes elegir hasta los trucos que hacen la diferencia. También te daré opciones para adaptar la receta si tienes preferencias dietéticas especiales.
Ingredientes Esenciales para el Pesto Casero
La magia del pesto está en su sencillez. No necesitas una lista interminable de ingredientes. De hecho, el pesto tradicional genovés lleva solo seis componentes básicos que se combinan para crear una salsa espectacular.
La albahaca fresca es la estrella absoluta de esta preparación. Necesitas hojas verdes y aromáticas, sin manchas oscuras ni partes marchitas. Yo siempre uso albahaca italiana de hoja grande porque tiene un sabor más dulce y menos amargo. Calcula unas dos tazas de hojas bien apretadas para una cantidad generosa de pesto.
El ajo aporta ese toque picante característico. Con dos o tres dientes es suficiente, aunque puedes ajustar según lo mucho que te guste. Mi consejo es empezar con menos cantidad y añadir más si lo necesitas. Es más fácil agregar ajo que quitarlo después.
El queso parmesano le da cuerpo y profundidad al pesto. Tiene que ser parmesano auténtico, el Parmigiano Reggiano de verdad. Nada de esos quesos rallados que vienen en botes y saben a serrín. Cuando compres el queso, pide que te corten un trozo del bloque y rállalo tú mismo en casa. La diferencia es abismal.
Los piñones añaden una textura cremosa y un sabor suave a frutos secos. Necesitas entre 40 y 50 gramos. Puedes tostarlos ligeramente en una sartén antes de usarlos para intensificar su sabor, pero ten cuidado porque se queman rápido.
El aceite de oliva virgen extra es el ingrediente que une todo. Elige uno de buena calidad con un sabor afrutado y no muy fuerte. Necesitarás aproximadamente medio vaso. El aceite debe ser fresco y estar bien conservado, porque un aceite rancio arruinará tu pesto.
Por último, sal y pimienta para ajustar el punto final. Usa sal marina o sal gruesa, y pimienta recién molida si es posible.
¿Qué ingredientes lleva la salsa pesto?
Para que quede más claro, aquí tienes la lista completa de ingredientes con las cantidades exactas:
- 2 tazas de hojas de albahaca fresca (unos 50 gramos)
- 2-3 dientes de ajo pelados
- 40-50 gramos de piñones
- 100 gramos de queso parmesano rallado
- 120-150 ml de aceite de oliva virgen extra
- Sal marina al gusto
- Pimienta negra recién molida al gusto
Consejos para Elegir los Mejores Ingredientes
La calidad de tu pasta con pesto casero depende directamente de los ingredientes que uses. Aquí van algunos trucos que he aprendido con los años.
Cuando compres albahaca, fíjate en el color. Las hojas deben ser de un verde intenso y brillante. Si están amarillentas o tienen manchas negras, déjalas donde están. La albahaca fresca huele increíble, así que acércala a la nariz antes de comprarla. Si no tiene aroma, tampoco tendrá mucho sabor.
El mejor momento para comprar albahaca es en verano, cuando está en temporada. Si tienes espacio, planta unas macetas en casa. Es una planta fácil de cuidar y siempre tendrás albahaca fresca a mano.
Para el queso parmesano, busca siempre la denominación de origen protegida. En el envoltorio debe poner «Parmigiano Reggiano» con los sellos oficiales. Sí, cuesta más que otros quesos duros, pero vale cada céntimo. El sabor es incomparable y un poco rinde mucho.
Los piñones son caros, lo sé. Si tu presupuesto está ajustado, puedes sustituirlos por otros frutos secos como nueces, almendras o anacardos. El sabor cambia un poco, pero el resultado sigue siendo delicioso. Las nueces le dan un toque más fuerte, mientras que los anacardos quedan más cremosos.
Con el aceite de oliva, no te compliques demasiado. No hace falta comprar el más caro del mercado, pero tampoco uses el más barato. Un aceite de gama media de una marca reconocida funciona perfectamente. Guárdalo en un lugar oscuro y fresco para que no pierda sus propiedades.
Variaciones para Diferentes Preferencias Dietéticas
Una de las cosas que más me gusta del pesto es lo fácil que es adaptarlo. Si tú o alguien en tu familia tiene restricciones alimentarias, no hay problema.
Para hacer un pesto vegano, simplemente sustituye el queso parmesano por levadura nutricional. Añade unas tres cucharadas soperas y ajusta al gusto. También existen quesos veganos tipo parmesano en tiendas especializadas que funcionan muy bien. El resultado es igual de sabroso y cremoso.
Si eres intolerante a la lactosa, puedes usar queso parmesano sin lactosa que venden en muchos supermercados. O prueba con quesos duros de oveja o cabra, que suelen tener menos lactosa que los de vaca.
Para versiones sin frutos secos, reemplaza los piñones por semillas de girasol o semillas de calabaza tostadas. Quedan crujientes y aportan una textura similar. Esta opción también es más económica.
Si quieres reducir calorías, usa menos aceite y añade un poco de agua o caldo de verduras para conseguir la consistencia deseada. También puedes incorporar espinacas junto con la albahaca para aumentar el volumen sin añadir grasas.
Hay quien añade un chorrito de zumo de limón al pesto. Esto ayuda a mantener el color verde brillante y añade un toque de frescura. No es tradicional, pero a mí me gusta el resultado.
Tipos de Pasta que Combinan Perfectamente con el Pesto
Ahora que ya sabes qué ingredientes usar para un pesto espectacular, toca hablar de la otra protagonista de este plato: la pasta. Y créeme, no todas las pastas funcionan igual de bien con el pesto.
He probado el pesto con casi todos los tipos de pasta que existen, y cada una ofrece una experiencia diferente. La clave está en entender cómo la forma de la pasta interactúa con la salsa. El pesto tiene una textura única, más espesa que una salsa de tomate pero menos pesada que una carbonara. Necesitas una pasta que atrape esa deliciosa mezcla verde en cada bocado.
Las pastas cortas con formas retorcidas o huecas son mis favoritas para el pesto. Los fusilli, con sus espirales apretadas, son perfectos porque cada vuelta atrapa el pesto. Cuando los muerdes, toda esa salsa concentrada explota en tu boca. Es una maravilla. Mi hijo pequeño dice que parecen muellecitos verdes, y no le falta razón.
Las penne también funcionan genial. Sus tubitos cortados en diagonal y su superficie estriada hacen que el pesto se adhiera tanto por fuera como por dentro. Además, son fáciles de comer, lo que las hace ideales cuando tienes invitados. Nadie quiere estar luchando con espaguetis interminables cuando intenta mantener una conversación.
Otra opción que me encanta son las trofie, una pasta ligur tradicional que precisamente se creó para acompañar el pesto. Son pequeñas, alargadas y retorcidas, y vienen de la misma región italiana donde nació esta salsa. Si las encuentras en tu supermercado o tienda especializada, pruébalas. Es como viajar directamente a Génova sin moverte de tu cocina.
Las orecchiette, esas pastitas con forma de orejita, también son candidatas estupendas. Su forma cóncava crea pequeños recipientes naturales para la salsa. Cada pieza es como una cucharita comestible llena de pesto. ¿A quién se le ocurrió esta idea tan brillante?
Si prefieres pastas largas, los spaghetti son la opción más clásica. Aunque no atrapan tanto pesto como las variedades cortas, tienen su encanto. Eso sí, necesitarás mezclarlos muy bien y quizás añadir un poco de agua de cocción para que la salsa se distribuya uniformemente. Los spaghetti con pesto son elegantes y quedan preciosos en el plato.
Las fettuccine o linguine aportan más superficie que los espaguetis normales, así que retienen mejor el pesto. Me gusta servirlas cuando quiero que el plato tenga un aspecto más sofisticado. Son perfectas para una cena romántica o cuando quieres impresionar a alguien. De hecho, si buscas inspiración con pastas largas y cremosas, puedes ver estas linguine cremosas con pollo al limón que también combinan texturas cremosas con sabores frescos.
¿Qué Pasta Va con Pesto?
Esta es probablemente una de las preguntas que más me hacen. La respuesta honesta es que depende de la ocasión y de tus preferencias personales.
Para un almuerzo rápido entre semana, yo voy directa a los fusilli o las penne. Se cocinan rápido, son fáciles de mezclar con el pesto y los niños las comen sin protestar. Además, si sobra algo, quedan geniales al día siguiente para llevar al trabajo.
Cuando preparo pasta con pesto para invitados, suelo elegir trofie si las consigo, o fettuccine si quiero algo más vistoso. Las pastas largas bien presentadas en el plato dan un toque más elegante. Le añado unas hojas de albahaca fresca encima y un chorrito de aceite de oliva, y parece que acabo de salir de un curso de cocina profesional.
Si voy a preparar una ensalada de pasta con pesto para un picnic o una reunión familiar, las mejores son las farfalle (pasta con forma de pajarita) o las penne. Mantienen bien su forma incluso frías y se mezclan perfectamente con otros ingredientes como tomates cherry, aceitunas o mozzarella.
Para los días que quiero algo más contundente y nutritivo, uso pasta integral o de legumbres. Tienen una textura más firme y un sabor más fuerte que las pastas refinadas, pero con el pesto casero funcionan de maravilla. La pasta de lentejas rojas, por ejemplo, aporta proteínas extra y queda súper cremosa.
La textura de la pasta también marca una gran diferencia en la experiencia final. Una pasta al dente siempre va a saber mejor con pesto. Cuando está demasiado cocida, se vuelve blanda y no contrasta bien con la salsa. El pesto necesita que la pasta tenga un poco de resistencia al morderla.
Un truco que aprendí hace tiempo es guardar siempre un vaso del agua de cocción de la pasta antes de escurrirla. Esa agua, que está cargada de almidón, es oro puro para mezclar con el pesto. Si te parece que quieres preparar espaguetis con vegetales frescos, verás que también usan este mismo principio de aprovechar el agua de cocción para unir los sabores.
Preparación del Pesto Casero
Llegamos a la parte más divertida: preparar el pesto. Hay dos caminos principales que puedes tomar, el tradicional o el moderno. Ambos funcionan, y cada uno tiene sus ventajas.
El método tradicional con mortero es casi meditativo. Vas machacando los ingredientes poco a poco, sintiendo cómo se transforman bajo tus manos. Primero machacas el ajo con un poco de sal gruesa hasta hacer una pasta. Luego añades los piñones y los trituras hasta que queden medio rotos. Después incorporas la albahaca, poco a poco, y la vas trabajando con movimientos circulares hasta que se deshace y suelta todos sus aceites esenciales. Finalmente, añades el queso y vas incorporando el aceite en un chorrito fino mientras sigues mezclando.
¿El resultado? Un pesto con una textura increíble, donde puedes distinguir cada ingrediente. Los sabores se integran de manera diferente que con la batidora. Es más trabajo, sí, pero hay algo especial en hacerlo así. Cuando tengo tiempo un domingo por la tarde, me encanta prepararlo con mortero mientras escucho música o un podcast.
El método moderno con licuadora o procesador de alimentos es mucho más rápido y práctico. Perfecto para esos días que llegas a casa cansado y con hambre. Echas todos los ingredientes en el vaso, menos el aceite y el queso, y pulsas varias veces hasta que quede picado. No lo hagas puré completo en este punto. Luego añades el queso, pulsas un par de veces más, y finalmente vas añadiendo el aceite poco a poco con la máquina en marcha hasta conseguir la consistencia que buscas.
Mi consejo es que no proceses demasiado cuando uses licuadora. El pesto debe tener cierta textura, no ser una crema lisa como un puré de bebé. Tiene que verse algún trocito pequeño de piñón y de albahaca. Eso le da carácter.
La consistencia perfecta del pesto es como una salsa espesa pero untable. Debe caer de la cuchara lentamente, sin ser líquido ni pastoso. Si te queda muy espeso, añade aceite de oliva o un poco de agua de cocción de la pasta. Si está muy líquido, agrega más queso parmesano o unos piñones extra y vuelve a procesar.
Aquí va la receta paso a paso con licuadora, que es como la hago el 90% de las veces:
- Lava bien las hojas de albahaca y sécalas con papel de cocina o un paño limpio. Es importante que no tengan agua porque diluye el pesto.
- Pela los dientes de ajo y córtalos por la mitad. Quita el germen verde del centro si lo tiene, porque puede dar un sabor amargo.
- Echa en el vaso de la licuadora la albahaca, el ajo, los piñones y una pizca de sal.
- Pulsa varias veces hasta que todo esté picado pero no completamente triturado.
- Añade el queso parmesano rallado y pulsa dos o tres veces más.
- Con la licuadora en marcha a velocidad baja, ve añadiendo el aceite de oliva en un chorro fino y constante.
- Prueba y ajusta de sal y pimienta según necesites.
El pesto recién hecho tiene un color verde brillante espectacular. Con el tiempo se oxida y se oscurece un poco, es normal. Si quieres mantener ese color vibrante por más tiempo, añade un chorrito de zumo de limón o cubre la superficie del pesto con una capa fina de aceite de oliva antes de guardarlo en la nevera.
¿Cuánto aceite necesitas exactamente? Pues depende. Empieza con unos 100 ml y ve añadiendo más si hace falta. Algunas albahacas sueltan más líquido que otras, y algunos quesos absorben más aceite. Confía en tu intuición y en lo que ves. La cocina no es matemática exacta, por mucho que algunos quieran hacernos creer lo contrario.
Un error común es pasarse con el ajo. Ya sé que a muchos os encanta, pero el ajo crudo puede ser muy fuerte y tapar los otros sabores. Si te pasas, no hay vuelta atrás. Así que ve con cuidado. Siempre puedes añadir más, pero no puedes quitarlo una vez que está mezclado. Parecido a cuando preparas pasta cremosa con ajo, donde el equilibrio del ajo marca la diferencia entre un plato delicioso y uno que te deja el aliento complicado durante horas.
Otra cosa: el queso debe estar recién rallado. Los quesos pre-rallados llevan antiapelmazantes que cambian la textura del pesto y no se integran igual. Sí, es un poco más de trabajo, pero vale totalmente la pena. Ralla el parmesano justo antes de usarlo y verás la diferencia.
Si te sobra pesto (aunque en mi casa eso casi nunca pasa), guárdalo en un tarro de cristal bien cerrado en la nevera. Aguanta unos tres o cuatro días perfectamente. También puedes congelarlo en cubiteras y tener porciones individuales listas para usar. Es súper práctico para esos días que no te apetece cocinar pero quieres algo rico. Lo descongelas, hierves pasta, mezclas, y listo. Cena en quince minutos.
Y si quieres experimentar con otras recetas de pasta cremosa, verás que muchas comparten la técnica de mezclar bien la salsa con las pastas calientes y usar el agua de cocción para ajustar la textura. Es un principio universal que funciona con casi cualquier salsa.
Cómo Calentar y Servir la Pasta con Pesto Casero
Ahora que tienes tu pesto recién hecho y la pasta lista, viene la parte crucial que muchos pasan por alto: cómo calentar y mezclar todo correctamente. Aquí es donde se puede arruinar un pesto perfecto si no sabes lo que haces.
La regla de oro es esta: el pesto nunca se cocina. Sí, lo has leído bien. Nunca lo pongas directamente al fuego en una sartén como harías con una salsa de tomate. ¿Por qué? Porque el calor destruye los aceites esenciales de la albahaca fresca y el sabor del parmesano cambia completamente cuando se calienta demasiado. El resultado es un desastre marrón verdoso sin vida que no se parece en nada al pesto vibrante que acabas de preparar.
El método correcto es súper sencillo: cuando escurras la pasta caliente, guarda al menos un vaso del agua de cocción. Luego vuelve a poner la pasta en la olla vacía (ya fuera del fuego) y añade el pesto. Mezcla con energía, usando unas pinzas o dos cucharas de madera. El calor residual de la pasta calentará suavemente el pesto, lo suficiente para que quede cremoso y suelto sin cocinar los ingredientes frescos.
Si ves que la mezcla está muy espesa o el pesto no se distribuye bien, aquí es donde entra en juego ese agua de cocción mágica que guardaste. Añade un par de cucharadas, mezcla bien, y verás cómo la salsa se vuelve sedosa y envuelve cada pieza de pasta. El almidón del agua actúa como emulsionante natural que ayuda a que el aceite y el queso se unan perfectamente con la pasta. Es química pura, y funciona de maravilla.
A veces preparo el pesto con antelación y lo guardo en la nevera. Cuando llega la hora de comer, lo saco unos diez minutos antes para que pierda un poco el frío. Un pesto muy frío directo de la nevera cuesta más mezclarlo con la pasta caliente y puede hacer que la pasta se enfríe demasiado rápido. Si se te olvida sacarlo antes, no pasa nada. Simplemente usa un poco más de agua de cocción caliente para compensar la temperatura.
Una técnica que aprendí viendo a una cocinera italiana en un vídeo es añadir una cucharada del pesto en el agua hirviendo justo antes de escurrir la pasta. Parece raro, lo sé, pero funciona. Ese poquito de salsa se mezcla con el agua y cuando escurres la pasta, ya va llevando una capa finísima de pesto que ayuda a que luego se adhiera mejor el resto de la salsa. No es imprescindible, pero marca la diferencia.
Ahora viene la pregunta del millón: ¿cuánto pesto usar? No hay una respuesta única porque depende de lo mucho que te guste. A mí me gusta generoso, así que para 400 gramos de pasta uso todo el pesto de la receta que compartí antes. Eso da unas cuatro raciones abundantes. Si prefieres algo más ligero, usa la mitad y guarda el resto para otro día.
Trucos para una Mezcla Perfecta
He visto a gente luchar con la pasta y el pesto, y casi siempre es porque cometen los mismos errores. Déjame compartir algunos trucos que a mí me salvan la vida.
Primero, no escurras la pasta completamente seca. Cuando la pases por el colador, sacúdela un par de veces nada más. Que le queden unas gotitas de agua está bien. Esa humedad ayuda a que el pesto se distribuya mejor.
Segundo, trabaja rápido pero con cuidado. La pasta fría no acepta bien el pesto. Tiene que estar caliente para que los aceites se fundan y se integren. Por eso es importante tener el pesto ya preparado antes de empezar a cocer la pasta.
Tercero, usa los utensilios adecuados. Unas pinzas de cocina son perfectas para pasta larga como espaguetis. Para pasta corta, dos cucharas grandes de madera funcionan genial. Yo tengo una cuchara de madera enorme que heredé de mi abuela y es mi herramienta favorita para esto. Mezcla de abajo hacia arriba, como si estuvieras volteando una ensalada, para que cada trozo de pasta quede bien cubierto.
Si después de mezclar ves que hay charcos de aceite en el fondo de la olla, significa que el pesto no se integró bien. Añade un poco de agua de cocción y vuelve a mezclar. El agua ayudará a emulsionar ese aceite suelto con el resto de ingredientes.
Por otro lado, si la pasta parece seca o el pesto no llega a todas partes, también necesitas más líquido. Un error común es pensar que añadiendo más pesto se soluciona, pero lo que realmente necesitas es esa agua de cocción con almidón. De hecho, la preparación doméstica de salsas para pasta siempre se beneficia de entender cómo el agua de cocción mejora la textura final de cualquier plato.
Toques Finales que Marcan la Diferencia
La pasta con pesto casero ya de por sí está deliciosa, pero con unos pequeños detalles finales puedes llevarla al siguiente nivel. Estos son mis trucos secretos para cuando quiero impresionar o simplemente darme un capricho.
Un chorrito generoso de aceite de oliva virgen extra justo antes de servir le da un brillo precioso y añade otra capa de sabor. Usa tu mejor aceite para esto, el que guardas para ocasiones especiales. Como va crudo directamente sobre el plato, se nota muchísimo la calidad.
Espolvorea más queso parmesano rallado por encima. Nunca es demasiado queso, ¿verdad? El parmesano extra aporta un toque salado que contrasta con el dulzor de la albahaca. Rállalo fino con un rallador microplane si tienes uno. Esas escamas finísimas se derriten ligeramente con el calor de la pasta y quedan espectaculares.
Si te gustan los frutos secos, añade piñones tostados o nueces picadas por encima. El crujiente contrasta genial con la cremosidad del pesto. Yo a veces tuesto almendras laminadas en una sartén seca hasta que se doran y las esparzo generosamente sobre cada plato. Quedan increíbles y le dan un toque gourmet.
Unas hojas de albahaca fresca puestas justo antes de servir no solo quedan bonitas, sino que aportan un aroma intenso que se libera cuando las tocas con el tenedor. Es como un último suspiro de frescura que eleva todo el plato.
Si quieres añadir un toque de color y acidez, unos tomates cherry cortados por la mitad van de maravilla. Los puedes poner crudos o saltearlos un minuto en una sartén con un poco de aceite. El dulzor de los tomates equilibra el sabor fuerte del pesto. En verano, cuando los tomates están en su mejor momento, esta combinación es pura felicidad.
Para hacer el plato más completo, puedes añadir proteínas. Un pechuga de pollo a la plancha cortada en tiras, unas gambas salteadas con ajo, o incluso atún en conserva de buena calidad funcionan perfectamente. El salmón ahumado también es una opción elegante que combina de lujo con el pesto.
La burrata o la mozzarella fresca desgarrada encima de la pasta caliente es otro nivel. El queso se derrite ligeramente y crea hilos cremosos cuando comes. Es una bomba de sabor y textura que convierte la pasta con pesto en un plato de restaurante.
Un toque que descubrí hace poco y me tiene enamorado es añadir ralladura de limón justo antes de servir. Solo un poquito, lo justo para que se note. Aporta una frescura cítrica que despierta todos los sabores sin dominar el plato. Pruébalo y me cuentas.
Acompañamientos que Completan la Experiencia
La pasta con pesto es bastante contundente por sí sola, pero unos buenos acompañamientos pueden redondear la comida y hacerla más completa.
Una ensalada verde sencilla es mi opción favorita. Lechuga, rúcula, espinacas baby… lo que tengas a mano. La aliño con aceite de oliva, vinagre balsámico, sal y pimienta. Nada complicado. El contraste entre la cremosidad del pesto y el frescor crujiente de la ensalada es perfecto. Además, te ayuda a no sentirte tan pesado después de comer.
El pan tostado con ajo es otro clásico que nunca falla. Corta rebanadas de pan bueno, frótalas con un diente de ajo partido por la mitad, rocía con aceite de oliva y tuéstalas en el horno o en una sartén. Puedes usar ese pan para recoger los restos de pesto del plato. No hay nada más satisfactorio.
Si quieres algo más sustancioso, unas verduras asadas van genial. Calabacín, berenjena, pimientos, lo que sea de temporada. Las cortas en trozos, las mezclas con aceite, sal y hierbas aromáticas, y las metes al horno. Salen con los bordes caramelizados y un sabor dulce que combina muy bien con el pesto.
Para ocasiones más especiales, me gusta servir burrata o mozzarella fresca como entrante. La pongo en un plato bonito, le añado tomates cherry, albahaca fresca, aceite de oliva y una pizca de sal. Es simple pero elegante, y prepara el paladar para la pasta que viene después.
Un vino blanco fresco también complementa perfectamente este plato. Un Vermentino o un Sauvignon Blanc van de maravilla. Si prefieres tinto, uno ligero como un Pinot Noir funciona bien. El vino no debe ser muy fuerte para no competir con los sabores delicados del pesto.
Y si estás explorando más opciones de pasta, risotto y lasaña, encontrarás muchas ideas para variar tus comidas sin caer en la rutina.
Servir y Presentar como un Profesional
La presentación cuenta, aunque estés comiendo en casa con tu familia un martes cualquiera. Cuando sirves la pasta con pesto de manera atractiva, sabe mejor. No es magia, es psicología.
Usa platos calientes si puedes. Pasa los platos por agua caliente o mételos un minuto en el horno tibio antes de servir. La pasta se mantiene caliente más tiempo y no se enfría al contacto con un plato frío de la alacena.
Para pasta larga, usa pinzas para hacer un nido en el centro del plato. Das vueltas con las pinzas mientras levantas y dejas caer la pasta en el mismo punto. Queda una presentación enrollada muy profesional. Para pasta corta, simplemente sírvela formando un montoncito en el centro.
Deja espacio alrededor en el plato. No lo llenes hasta el borde. Un poco de espacio blanco hace que el plato se vea más ordenado y apetitoso. Los chefs lo saben bien.
Añade los toques finales con intención. Ese queso rallado que espolvoreas, hazlo desde cierta altura para que caiga uniformemente. Las hojas de albahaca, colócalas con gracia, no las tires sin más. Ese chorrito de aceite, que sea generoso pero controlado, no un charco.
Si tienes pimienta negra en molinillo, da unas vueltas sobre cada plato justo antes de llevarlos a la mesa. La pimienta recién molida huele increíble y añade un toque visual también.
Lo bueno de la pasta con pesto es que se puede servir caliente, tibia o incluso fría como ensalada de pasta. En verano, cuando hace calor, a veces la preparo y la dejo enfriar completamente. Le añado tomates cherry, mozzarella en bolitas, aceitunas negras y un chorrito más de aceite. Es perfecta para llevar a la playa o a un picnic.
Bueno, creo que ya tienes todo lo que necesitas para preparar una pasta con pesto casero que te salga perfecta cada vez. No es complicado, solo requiere buenos ingredientes, un poco de atención y ganas de disfrutar del proceso. La cocina no tiene que ser estresante ni perfecta. Lo importante es que al final te sientes a la mesa con tu gente y compartas algo rico que has hecho con tus propias manos. Eso no tiene precio.
Espero que te animes a probar esta receta y que la hagas tuya. Juega con las cantidades, prueba con diferentes tipos de pasta, añade ingredientes que te gusten. La cocina es para experimentar y pasarlo bien. Y cuando pruebes tu primer bocado de esa pasta verde brillante con todos esos sabores frescos mezclándose en tu boca, vas a entender por qué la pasta con pesto casero es un clásico que nunca pasa de moda. ¡Buen provecho y a disfrutar!
Preguntas Frecuentes sobre Pasta con Pesto Casero
¿Qué pasta va con pesto?
Las mejores opciones son las pastas cortas con formas retorcidas como fusilli, penne o trofie, porque atrapan bien la salsa en sus recovecos. Las pastas largas como espaguetis o linguine también funcionan perfectamente si las mezclas bien con el pesto y usas agua de cocción para ayudar a que la salsa se distribuya uniformemente. Al final depende de tus preferencias personales y de la ocasión. Para comidas rápidas entre semana, las pastas cortas son más prácticas, mientras que las largas quedan más elegantes para cenas especiales.
¿Qué tipo de pasta combina mejor con la salsa pesto?
Los fusilli son probablemente la mejor opción porque sus espirales apretadas atrapan el pesto en cada vuelta, creando bocados llenos de sabor. Las trofie, una pasta tradicional de Liguria, también son ideales porque se crearon específicamente para acompañar el pesto genovés. Las orecchiette funcionan genial por su forma cóncava que actúa como pequeñas cucharitas. Si prefieres algo más económico y fácil de encontrar, las penne rigate con sus estrías son una opción segura que nunca decepciona.
¿Qué ingredientes lleva la salsa pesto?
El pesto tradicional genovés lleva seis ingredientes básicos: albahaca fresca, ajo, piñones, queso parmesano, aceite de oliva virgen extra, y sal. Algunas versiones añaden un poco de queso pecorino junto con el parmesano para darle más profundidad. La clave está en usar ingredientes frescos y de buena calidad, especialmente la albahaca que debe estar verde y aromática, y el parmesano auténtico Parmigiano Reggiano. Con estos ingredientes sencillos puedes crear una salsa espectacular que no tiene nada que ver con las versiones comerciales del supermercado.
¿Cómo se calienta la salsa pesto?
El pesto nunca se calienta directamente al fuego porque el calor destruye los aceites esenciales de la albahaca y cambia el sabor del queso. El método correcto es mezclar el pesto frío o a temperatura ambiente con la pasta recién escurrida y caliente, fuera del fuego. El calor residual de la pasta calentará suavemente el pesto sin cocinarlo. Si el pesto está muy frío de la nevera, puedes sacarlo unos minutos antes o añadir un poco más de agua de cocción caliente al mezclarlo con la pasta para equilibrar la temperatura.
¿Cuánto tiempo dura el pesto casero en la nevera?
El pesto casero bien guardado en un recipiente hermético de cristal aguanta entre tres y cuatro días en la nevera. Para que se conserve mejor, cubre la superficie con una capa fina de aceite de oliva antes de cerrar el tarro, esto evita la oxidación y mantiene el color verde más brillante. También puedes congelarlo en cubiteras para tener porciones individuales listas cuando las necesites. El pesto congelado puede durar hasta tres meses sin perder demasiado sabor, aunque siempre será mejor recién hecho.
¿Puedo hacer pesto sin piñones?
Por supuesto que sí. Los piñones son caros y no siempre están disponibles, así que puedes sustituirlos por otros frutos secos o semillas. Las nueces le dan un sabor más intenso y terroso, los anacardos quedan más cremosos y suaves, y las almendras aportan un toque más neutro. Las semillas de girasol o de calabaza también funcionan bien y son mucho más económicas. El sabor cambiará ligeramente según lo que uses, pero el resultado seguirá siendo delicioso y la textura cremosa se mantiene.
¿Se puede hacer pesto vegano?
Sí, es muy fácil adaptar el pesto para que sea completamente vegano. Simplemente sustituye el queso parmesano por levadura nutricional, que aporta un sabor umami similar al queso. Necesitarás unas tres o cuatro cucharadas soperas para conseguir la intensidad de sabor adecuada. También existen quesos veganos tipo parmesano en tiendas especializadas que funcionan perfectamente. El resto de ingredientes ya son veganos de por sí: albahaca, ajo, piñones o frutos secos, aceite de oliva y sal. El resultado es igual de cremoso y sabroso que la versión tradicional.
¿Por qué mi pesto se pone marrón?
El pesto se oscurece por oxidación, igual que le pasa a una manzana cortada cuando entra en contacto con el aire. Es un proceso natural y no significa que esté malo, aunque pierde un poco de atractivo visual. Para evitarlo, puedes añadir un chorrito de zumo de limón al pesto recién hecho, la acidez ayuda a mantener el color verde. También funciona cubrir la superficie con aceite de oliva antes de guardarlo. Si lo vas a consumir enseguida, prepáralo justo antes de servirlo y no lo dejes reposar mucho tiempo.
¿Qué hago si mi pesto quedó muy líquido?
Si el pesto te ha quedado demasiado líquido, puedes arreglarlo fácilmente añadiendo más ingredientes sólidos. Agrega más queso parmesano rallado y unos piñones extra, y vuelve a procesar o batir. También puedes echar más hojas de albahaca si tienes. Otra opción es usar menos aceite la próxima vez, añadiéndolo poco a poco hasta conseguir la consistencia que buscas. Recuerda que el pesto debe ser espeso pero untable, cayendo lentamente de la cuchara sin ser ni líquido ni pastoso.
¿Puedo usar albahaca congelada para hacer pesto?
Puedes, pero el resultado no será el mismo que con albahaca fresca. La albahaca congelada pierde textura y parte de su aroma intenso, aunque conserva algo del sabor. Si es tu única opción, asegúrate de descongelarla y escurrirla bien antes de usarla para eliminar el exceso de agua que suelta al descongelarse. Para mejores resultados, siempre es preferible usar albahaca fresca recién comprada o de tu propia planta. Si vas a congelar albahaca para el futuro, mejor congélala ya convertida en pesto que como hojas sueltas.

Equipo
- Licuadora o procesador de alimentos
- Cuchara de madera o pinzas para mezclar
Ingredientes
- 2 tazas hojas de albahaca fresca
- 2-3 dientes ajo pelados
- 40-50 g piñones
- 100 g queso parmesano rallado
- 120-150 ml aceite de oliva virgen extra
- al gusto sal marina
- al gusto pimienta negra recién molida
Instrucciones
- Lava bien las hojas de albahaca y sécalas con papel de cocina o un paño limpio.
- Pela los dientes de ajo y córtalos por la mitad. Quita el germen verde del centro si lo tiene.
- Echa en el vaso de la licuadora la albahaca, el ajo, los piñones y una pizca de sal.
- Pulsa varias veces hasta que todo esté picado pero no completamente triturado.
- Añade el queso parmesano rallado y pulsa dos o tres veces más.
- Con la licuadora en marcha a velocidad baja, ve añadiendo el aceite de oliva en un chorro fino y constante.
- Prueba y ajusta de sal y pimienta según necesites.